París, la ciudad del Sena

“París…siempre será París”

París…siempre será París….La capital francesa, la ciudad del Sena, la más protagonista en cuanto a clichés románticos se refiere, es sin duda un lugar de visita obligada para cualquier amante de los viajes. Apodada por todos como “la ciudad del amor”, con algunas zonas tirando a bohemias y otras muy señoriales, posee rincones realmente bellos e inolvidables. Pero por supuesto y dejando esa fama a un lado, París es bastante más que eso…y es que nos encontramos ante una ciudad que araña en muchas de sus partes la perfección.

Pasear por la orilla del Sena, tomar un café en alguna de sus bonitas terrazas, subir a las torres de la Catedral de Notre Dame, ver la Torre Eiffel por la noche desde Trocadero, perderse por el barrio de Montmartre o embriagarse de arte en el Louvre, son sólo algunas de las muchas atracciones de las que podréis disfrutar allí.

Hemos tenido la oportunidad de estar en París varias veces y estamos seguras de que volveremos de nuevo. Una ciudad de esas para recordar, la cual al menos hay que visitar una vez en la vida y que os ofrecerá impresionantes estampas que se quedan grabadas para siempre en la memoria. ¡Un imprescindible!.

¿Qué ver en París?

París es una ciudad muy grande con muchísimos sitios que visitar. Aunque el tiempo en un lugar siempre depende de cada uno, recomendamos un mínimo de 5 días para poder ver todo lo que queráis y sin prisas. A continuación os contamos los puntos que no os deberíais perder en la ciudad del Sena.

Top 10 de París

En esta sección os enumeramos el Top 10, aquellos lugares de visita imprescindible. Los podéis encontrar en este enlace.

Más atracciones turísticas de París 

Además de lo que incluimos en el Top 10, por supuesto hay otros muchos puntos de interés en la capital francesa. En este enlace los describimos.

Barrios y zonas de París

Île de la Cité

La Île de la Cité es, al igual que la Île Saint-Louis, una de las islas naturales que se encuentran en el Sena. “La Isla de la Ciudad” es el corazón de la capital y el lugar de fundación de París.

La Île de la Cité constituye una de las zonas más agradables de la ciudad del Sena y allí se encuentran algunas de las principales atracciones, como es el caso de la Catedral de Notre Dame, la Sainte Chapelle o la Conciergerie.

Además de los edificios históricos, la Île de la Cité ofrece agradables calles y plazas para pasear en las que se pueden encontrar hermosos lugares como el mercado de las flores de la Place Louis Lépine.

Île de la Cité, en París

Île Saint-Louis

Situada en el corazón de la ciudad, junto a la Île de la Cité, la pequeña Île Saint-Louis es uno de los distritos más tranquilos y encantadores de París.

Mucho más pequeña y acogedora que su vecina Île de la Cité, en la Isla de San Luis se puede disfrutar de una tranquilidad poco usual en la capital francesa.

Aunque la mayor parte de la isla es una zona residencial, también abundan las pequeñas tiendecitas con cuidados escaparates, además de los restaurantes que ofrecen una variada gastronomía francesa.

Barrio Latino

Es una de las zonas más animadas de París. En el enlace de Top 10 tenéis más detalles.

Montmartre

Es uno de los barrios más encantadores de la ciudad del Sena. En el enlace de Top 10 tenéis más información sobre esta peculiar zona.

La Defensa

Situado al oeste de París, la zona de La Defensa (La Défense) es uno de los distritos de negocios más importantes de toda Europa, comparable al de la City de Londres. En la zona de La Défense se agolpan cientos de torres y rascacielos que pertenecen a las empresas más importantes, tanto de Francia como a nivel mundial.

El Gran Arco de la Fraternidad (Grande Arche de la Fraternité), más conocido como el Arco de la Defensa o Grande Arche, es una de las principales edificaciones que se erigen en el distrito de La Défense. Inaugurado en 1989, es un enorme cubo hueco de 110 metros de altura construido en mármol y granito recubierto con placas de vidrio.

El arco se encuentra abierto al público y permite contemplar París desde las alturas, ofreciendo unas vistas excepcionales del eje histórico de la ciudad tras elevar a sus visitantes a 110 metros en sus ascensores panorámicos.

Arco de la Defensa, en París

Los Campos Elíseos

Es la avenida más conocida de París. En el enlace de Top 10 tenéis más detalles.

Plaza de la Concordia

La Plaza de la Concordia (Place de la Concorde) se encuentra situada entre los Campos Elíseos y los Jardines de las Tullerías. Gracias a su historia, constituye una de las plazas más representativas de París. Por tamaño es la segunda más grande de Francia después de la de Quinconces, en Burdeos.

La Plaza de la Concordia adquirió su aspecto actual entre 1836 y 1840. En esa época se colocó en el centro un enorme obelisco proveniente de Lúxor de más de 3.000 años de antigüedad donado por el virrey de Egipto.  Enmarcando el obelisco se encuentran dos fuentes monumentales de estructura romana. Presentan esculturas en las que se mezclan figuras humanas con animales marinos.

La Plaza está cerrada sólo por uno de sus lados. En él se encuentran los imponentes edificios de la sede del Ministerio de la Marina y el Hotel de Crillon. Éste último es uno de los más antiguos y lujosos del mundo.

Desde el obelisco se obtienen unas preciosas perspectivas de los Jardines de las Tullerías con el Museo del Louvre de fondo. En el sentido contrario se pueden contemplar Los Campos Elíseos y el Arco del Triunfo.

Plaza de la Concordia, en París

Le Marais

Situado en el corazón histórico el barrio Le Marais (la marisma) es uno de los distritos de moda en la ciudad del Sena. En el siglo XVII la zona comenzó a atraer a las clases más selectas de la sociedad. Construyeron exquisitas residencias y palacetes.

Hoy en día el barrio continúa siendo una zona muy agradable y tranquila. En él se puede encontrar una gran variedad de restaurantes y tiendas. Allí reside la comunidad judía más grande de Europa además de conformar el barrio gay de la ciudad.

En Le Marais destaca la Plaza des Vosges. Inaugurada en 1612 con la fiesta de celebración del matrimonio entre Luis XIII y Ana de Habsburgo, es la plaza más antigua de París. En el número 6 de la misma se encuentra la que fuera la casa de Victor Hugo entre los años 1832 y 1848. Se trata de un apartamento organizado siguiendo las tres principales etapas que articularon la vida del escritor: su historia antes, durante y después del exilio. Un apartamento perfectamente decorado y amueblado que ofrece visita gratuita.

Plaza des Vosges, en Le Marais

Plaza de la Bastilla

Otra de las plazas importantes en la ciudad del Sena es la Plaza de la Bastilla. Constituye un lugar simbólico de la Revolución francesa, situada en el emplazamiento de la antigua fortaleza de la Bastilla que fue destruida entre el 14 de julio de 1789 y el 14 de julio de 1790.

La plaza de la Bastilla es lugar regular de diferentes ferias, conciertos y mercadillos. Es muy visitada las noches de los viernes y sábados por la juventud de las afueras parisinas por sus numerosos cafés, restaurantes y discotecas. Es además el punto de salida o final de numerosas manifestaciones sociales, políticas o sindicales. En la plaza también se encuentra la Ópera de la Bastilla, un famoso teatro de ópera moderno. 

Plaza de la Bastilla, en París

Plaza de la República

Otro punto que también merece la pena visitar es la Plaza de la República. Está ubicada entre los distritos 3, 10 y 11. En el centro de la plaza se ubica una escultura del año 1884. Es un sitio muy simbólico que ha sido usado tanto por partidos de izquierda como por sindicatos para diferentes manifestaciones.

Plaza de la República, en París

Rue de Rivoli

Uno de los sitios más importantes para ir de compras en París es la Rue de Rivoli. Está localizada en el centro de la ciudad y tiene una extensión de cerca de 3 km. Se trata de un paraíso ideal para los amantes de las grandes tiendas, es una zona muy popular y siempre está repleta de gente, tanto de día como de noche.

La calle de Rivoli se sitúa entre los distritos I y IV, comienza en la calle Sevigné, finaliza en la Plaza de la Concordia y atraviesa la Plaza de las Pirámides. En el lado norte sobre una gran parte de su longitud tiene diversos soportales. La parte occidental se halla en la parte donde se construyeron los arcos del Primer Imperio Francés y la parte oriental se añadió para conectar con la Calle Saint-Antoine.

El nombre de esta calle es en honor a la ciudad italiana Rivoli Veronese, el lugar de la victoria de Napoleón Bonaparte sobre Austria, en el año 1797.

Plaza Vendome

La Plaza Vendome, realizada siguiendo los patrones del urbanismo clásico francés, es una de las plazas más famosas de la ciudad.

Rodeada en su práctica totalidad por imponentes y sobrios edificios, en la Plaza Vendome se encuentran diversas tiendas de gran prestigio como Dior, Chanel o Cartier.

La plaza, anteriormente conocida como la Plaza de Luis el Grande, Plaza de las Picas, Plaza de las Conquistas o Plaza Internacional, es en la actualidad uno de los máximos exponentes del lujo y la opulencia que se pueden encontrar en la ciudad.

Plaza Vendome, en París

Museos de París

Como capital artística y uno de los principales destinos turísticos a nivel mundial, París es una ciudad que cuenta con más de 150 museos. Os hablamos de los más importantes.

Los museos más visitados

Los tres museos más visitados y recomendables en la ciudad del Sena son el Louvre, el Museo de Orsay y el Centro Pompidou. 

Inaugurado a finales del siglo XVIII, el Museo del Louvre es el más importante de Francia y uno de los más visitados del mundo. Actualmente recibe más de ocho millones de visitantes cada año. Es enorme, por lo que os recomendamos acercaros a ver sobre todo las obras más importantes.

El Museo de Orsay es nuestro preferido. Se ubica en una antigua estación de tren que fue inaugurada en el año 1900 con motivo de la Exposición Mundial de París. La estación contaba con un elevado tráfico de trenes hasta 1939. Tras pensar en derruirla se acabó transformando en museo. Así nació Orsay en 1986. Contiene pinturas impresionistas y post-impresionistas, además de una gran colección de escultura, artes decorativas y elementos arquitectónicos. Muy muy recomendable.

Por último, el Centro Pompidou alberga una de las mejores colecciones de arte moderno y contemporáneo del mundo, comparable con la del MoMA de Nueva York o la del Tate Modern de Londres. Inaugurado en 1977 en uno de los barrios más antiguos de la ciudad, el Centro Pompidou fue una obra pionera de la arquitectura contemporánea, capaz de crear un gran contraste con el gris paisaje urbano de la zona gracias a los tubos de colores situados en el exterior del edificio.

Museo del Louvre, en París

Otros museos recomendables

Aparte de los tres mas famosos, existen otros museos asimismo muy recomendables. Son los siguientes:

  • Museo du Quai Branly. Inaugurado en el año 2006 posee una colección de más de 300.000 piezas de arte étnico procedentes de África, Asia, América y Oceanía
  • Museo Rodin. Creado en 1917 gracias a la iniciativa del propio Auguste Rodin, expone gran parte de las obras del artista en el encantador palacete rococó del Hotel Biron y sus jardines
  • Museo Guimet. Inaugurado en 1889, también conocido como Museo Nacional de Artes Asiáticas, posee una excelente colección de arte perteneciente a diferentes culturas y civilizaciones orientales
  • Museo Cluny. El Museo Nacional de la Edad Media de París, más conocido como Museo Cluny, contiene una de las colecciones de arte y artesanía medieval más completas del mundo
  • Museo Nissim de Camondo. Es una de las casas privadas más lujosas que se conservan del siglo XX parisino. En ella se muestran los muebles y objetos de arte francés del siglo XVIII

Otros museos de París

Si os sobra tiempo en vuestra visita a la capital francesa hay otros muchos museos que visitar. Entre ellos podemos destacar el Museo de Arte Moderno o el Museo Orangerie. Este último alberga una excelente colección de pinturas impresionistas. Destacan las obras de Monet.

Parques y jardines de París 

Además de innumerables atracciones turísticas, la ciudad del Sena cuenta con varios preciosos espacios verdes y jardines. Son perfectos para descansar en vuestro recorrido por la ciudad francesa. Los más importantes son los siguientes.

Jardines de Luxemburgo

Diseñados en 1612 bajo las órdenes de María de Médicis, los Jardines de Luxemburgo son los más céntricos, populares y bellos de París.

Constituyen uno de los lugares más famosos tanto para los parisinos como para los turistas. Éstos pueden encontrar un lugar de descanso merecido después de pasear por toda la ciudad. Entre las numerosas estatuas y esculturas que se alojan en los jardines, es posible encontrar centenares de sillas de metal. En ellas os podréis relajar y disfrutar de la tranquilidad.

Jardines de Luxemburgo, en París

Jardines de las Tullerías

En una ubicación excepcional entre el Museo del Louvre y la Plaza de la Concordia se encuentra el Jardín de las Tullerías. Fue el primer jardín de la ciudad del Sena que tuvo carácter público.

En la actualidad este espacio ha dejado de ser el lugar en el que en el pasado las clases altas acudían para ver y ser vistos. Se ha convertido en un agradable paseo rodeado de jardines de carácter público. En él cientos de parisinos y turistas pueden tomarse un descanso de la ajetreada ciudad.

Resulta un verdadero placer disfrutar de un paseo por los Jardines de las Tullerías recorriendo la avenida central repleta de árboles y esculturas. 

Jardines de las Tullerías, en París

Jardín des Plantes

Creado en 1635 como jardín medicinal para Luis XIII, el Jardín des Plantes ha servido como lugar de investigación para botánicos, médicos y farmacéuticos a lo largo de diferentes épocas.

Al final de la Revolución, el Jardín Medicinal se convirtió en Jardín Botánico (Jardin des Plantes). En 1793 se instaló en las inmediaciones el Museo de Historia Natural.

El Jardín des Plantes es enorme y posee diferentes ambientes. Sin embargo, su belleza queda ensombrecida si lo comparamos con los Jardines de Luxemburgo, mucho más animados y acogedores.

El Jardín des Plantes es un lugar en el que se pueden contemplar las diferentes especies vegetales más que una zona verde en la que tomarse un descanso.

Campo de Marte

El Campo de Marte (Champ de Mars) es un tranquilo jardín situado a los pies de la Torre Eiffel. En el extremo opuesto a la torre se encuentra el imponente edificio de la Escuela Militar. Otro lugar perfecto para descansar y relajarse.

Campo de Marte, a los pies de la Torre Eiffel

Bois de Boulogne

El Bosque de Boulogne es un enorme parque con más de 35 kilómetros de caminos. Constituye un auténtico paraíso para todos aquellos que deseen disfrutar de naturaleza en la ciudad del Sena.

Con una superficie de 846 hectáreas, el Bois de Boulogne posee un tamaño muy superior al del Central Park de Nueva York o al de Hyde Park en Londres.

El parque cuenta con una extensa y variada vegetación formada en su gran mayoría por cedros, que cubren más de la mitad del bosque. Existen dos extensos lagos situados a diferentes niveles, que se encuentran unidos por una cascada.

En el norte del parque se sitúa el Jardin d’Acclimatation, una zona muy recomendable para visitar con niños ya que se trata de un parque de atracciones y una reserva de animales.

Recomendamos visitar el parque sólo a aquellas personas que dispongan de bastante tiempo en la ciudad, ya que son necesarias varias horas para ver una pequeña parte.

Parque Bois de Boulogne, en París

Disneyland Paris

Disneyland Paris es el complejo donde se localizan los parques temáticos, hoteles y restaurantes de Disney. Comprende los parques Disneyland y Walt Disney Studios.

El complejo Disneyland Paris se inauguró el 12 de abril de 1992 bajo el nombre de EuroDisney. En 1995 pasó a denominarse Disneyland Paris debido a cambios estratégicos, ya que la marca estaba deteriorada tras unos primeros años de pérdidas.

Actualmente recibe casi 15 millones de visitantes anuales y es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad del Sena.

Disneyland

Disneyland es el parque que más visitantes atrae y el primero que se inauguró. En él podréis encontrar a todos los personajes Disney y comprender por qué se ha convertido en un éxito. Posee muchas atracciones, a cada cuál más emocionante. Encontraréis más información en la web oficial de Disneyland París.

Big Thunder Mountain, una de las atracciones más famosas

Walt Disney Studios

Walt Disney Studios es el parque de Disneyland Paris pensado para una audiencia más adulta. Su temática es el cine y las atracciones son de un nivel superior al Parque Disneyland. Fue inaugurado el 16 de marzo de 2002, diez años más tarde que Disneyland Paris. Es un parque más pequeño y que se puede entender como un complemento al parque clásico Disneyland.

Transporte en París

París es una ciudad enorme y, aunque nos encanta caminar cuando estamos de turismo, en la capital francesa no hay más remedio que coger algún transporte público de vez en cuando. Puede presumir de tener una red realmente extensa y efectiva: metro, trenes RER, autobús, funicular (en Montmartre para ir de la parte baja a la alta) y tranvía. 

En París existen tanto billetes sencillos (Ticket t+) como dos tipos de abonos distintos para los viajeros que vayan a hacer un uso intensivo del transporte público: Paris Visite y Passe Navigo. Otra tarjeta muy interesante es la Paris Pass, ya que incluye las ventajas de la Paris Visite y además permite la entrada gratuita a más de 60 atracciones turísticas y monumentos. Tenéis más información en el siguiente enlace:

https://www.parispass.es/

Además, otra forma de moverse y que recomendamos es el Batobus. Es un barco turístico que recorre el río Sena haciendo paradas en los principales puntos de interés de París. Se podría definir como un autobús turístico flotante. En cada parada podréis deteneros el tiempo que queráis y esperar a próximos barcos. Los tickets también se pueden adquirir en cada uno de esos puntos.

La ciudad del Sena cuenta con 3 aeropuertos: Charles de Gaulle (el principal), Orly (el segundo en importancia) y Beauvais (más pequeño, ubicado a 85 km al norte). Existen gran cantidad de vuelos diarios.

Información general de Francia

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Más atracciones turísticas en París

La ciudad del Sena sorprende en cada rincón. A continuación os enumeramos más puntos de interés que no os podéis perder.

Ópera Garnier

Situada en el Palacio Garnier, la Ópera Garnier es un imponente edificio neobarroco que, junto con la Ópera de la Bastilla, conforma la Ópera Nacional de París. Se trata del lugar que inspiró la conocida obra “El Fantasma de la Ópera”.

La Ópera Garnier es un edificio espectacular capaz de transmitir la riqueza y la magnificencia que lo acompañaron en el pasado. Tanto el interior como el exterior resultan impactantes. 

Es posible conocerla por libre o bien hacer una visita guiada. Éstas sólo se realizan en inglés y en francés y duran 90 minutos, por lo que es más práctico hacer la visita por libre.

La Ópera de París

Sainte Chapelle

La Sainte Chapelle es una iglesia de estilo gótico construida entre 1242 y 1248 para albergar las reliquias de la Pasión de Cristo, compuestas por la Corona de Espinas y un trozo de la Santa Cruz. Se encuentra situada en la Île de la Cité.

Aunque no es comparable a Notre Dame, la Sainte Chapelle es una joya del arte gótico siendo considerada una de las obras cumbre de la arquitectura gótica. Su construcción a base de vidrieras resulta muy peculiar, por lo que no suele defraudar a sus visitantes.

Los puentes de París

A lo largo de los 13 kilómetros del río Sena que transcurren por la ciudad existen más de 30 puentes y pasarelas de todo tipo, desde los más antiguos construidos en piedra, hasta los más sobrios y recientes. Entre los más importantes, cabe destacar los siguientes.

Puente de Alejandro III

El Puente de Alejandro III es el más bonito de los puentes parisinos. Inaugurado para la Exposición Mundial de 1900, se encuentra situado entre la explanada de Los Inválidos y el Grand y el Petit Palais.

El puente está formado por un solo arco de acero, algo que constituyó todo un reto para aquella época. La decoración resulta simplemente espectacular gracias a las cuatro columnas de 17 metros, con caballos alados dorados en la parte superior, que se encuentran situadas en los extremos.

Preciosos candelabros negros, querubines y otros elementos decorativos convierten el puente en una construcción de ensueño que las parejas suelen elegir para realizar sus fotos de boda.

Puente de Alejandro III, en París

Pont de l’Alma

El Pont de l´Alma no es uno de los más bellos de la ciudad, tampoco el más largo ni el más antiguo, pero desde su construcción los ojos de los parisinos se fijaban en él para comprobar las crecidas del río.

Las mediciones se hacían mediante la estatua de un zuavo (soldado de la infantería) que se encuentra tallada en uno de los pilares del puente. Durante la Inundación de 1910 el cauce del Sena llegó hasta los hombros del zuavo.

En la actualidad los turistas también se acercan hasta el puente para visitar el túnel en el que la princesa Diana perdió la vida. En la parte superior del túnel se puede ver la Llama de la Libertad, un monumento con el que América agradeció a Francia la restauración de la Estatua de la Libertad, pero que muchos utilizan para colocar sus ofrendas a la princesa fallecida.

Pont de l’Alma, en París

Puente Nuevo

Decorado con preciosos candelabros negros y más de 300 máscaras talladas, el Puente Nuevo (Pont Neuf), situado en el extremo oeste de la Île de la Cité, es uno de los puentes más bonitos de la ciudad.

Paradójicamente, el Puente Nuevo es el puente más antiguo de París. Además de esto, con 232 metros de longitud es también el puente más largo de la ciudad. Construido entre 1587 y 1607 fue el primer puente de piedra que se edificó en París, ya que los anteriores fueron realizados en madera.
El puente fue toda una novedad para la época, ya que se convirtió en el primero en cruzar el Sena en toda su anchura, conectando las dos orillas del río y la parte más occidental de la Île de la Cité. Además de esto, se instalaron las primeras aceras para peatones y unos pequeños miradores sobre cada una de las columnas.

Puente Nuevo, en París

Torre Montparnasse

Con una altura de 210 metros, la Torre Montparnasse es uno de los mejores miradores para contemplar la ciudad desde las alturas. Desde su terraza se pueden apreciar los monumentos más importantes de París.

Tras una subida exprés en uno de los ascensores que califican como de los más rápidos de Europa, en la planta 56 es posible disfrutar de unas impresionantes vistas protegidos por enormes ventanales. Además también se pueden aprender algunos datos curiosos sobre la ciudad gracias a las aplicaciones multimedia, o bien transportarse a tiempos pasados por medio de la exposición de fotos antiguas de París.

Las mejores instantáneas de la capital se pueden tomar subiendo tres plantas más, en el piso 59. Desde ese punto es posible contemplar la ciudad como si se tratara de una maqueta, sin cristales de por medio…¡impresionante!.

Catacumbas

Las Catacumbas de París son una red de túneles que sirven como cementerio a miles de personas de distintas épocas. Se calcula que los restos de más de 6 millones de personas puedan estar enterrados en los más de 300 kilómetros de túneles.

Aunque la visita a las catacumbas es algo “escalofriante”, resulta curioso contemplar los infinitos huesos humanos y calaveras agrupados formando extensas construcciones. A pesar de que se trata de una visita turística, las catacumbas no son uno de los lugares más masificados.

Basílica de Saint-Denis

La Basílica de Saint-Denis es conocida por ser el lugar de sepultura de la monarquía francesa, además de tratarse del primer templo que se construyó en estilo gótico. Es un monumento muy atractivo, pero su situación en el extrarradio de París hace que la visita no sea recomendable para aquellos que no dispongan de demasiado tiempo en la ciudad.

Basílica de Saint-Denis, en París

Iglesia de la Madeleine

La Iglesia de la Madeleine es uno de los templos más curiosos de París gracias a su diseño más propio de los templos clásicos de la Antigua Grecia.

El edificio está formado por 52 columnas corintias de 20 metros de altura que le otorgan un aspecto imponente. En la fachada principal se sitúa un extenso frontón en el que se representa un altorrelieve de El Juicio Final.

El interior de la iglesia, levemente iluminado, está formado por una sola nave con tres cúpulas que no resultan visibles desde el exterior. Sobre el Altar Mayor se puede ver una escultura que representa la Asunción de la Magdalena, mientras que en la cúpula que lo recubre se encuentra un fresco sobre la historia del cristianismo.

La Iglesia de la Madeleine resulta espectacular, especialmente desde su exterior. El interior también es diferente al de los templos tradicionales, ya que se encuentra sumido en la penumbra y posee una escasa decoración en la que radica su belleza.

Iglesia de la Madeleine, en París

Iglesia de Saint Sulpice

La Iglesia de Saint Sulpice es una de las más conocidas gracias a su protagonismo en el Código da Vinci. Se trata de un enorme edificio con un aspecto sencillo e inacabado. Resulta imponente tanto desde el exterior como cuando se accede a ella. Sus enormes paredes y columnas de piedra desnuda le proporcionan un aspecto inacabado que también puede verse en una de sus torres.

Uno de los principales atractivos de la iglesia son los frescos de Delacroix, situados a la derecha de la entrada, en la Capilla de los Ángeles. También se puede observar una figura de San Pedro (similar a la de la Basílica de San Pedro en El Vaticano) con el pie desgastado por las caricias de miles de fieles.

En la actualidad aún se realizan conciertos con el impresionante órgano de tubos que data de 1862.

La plaza donde se encuentra la iglesia resulta asimismo muy agradable.

Iglesia de Saint Sulpice, en París

Capilla Expiatoria

La Capilla Expiatoria es un monumento conmemorativo de estilo neoclásico construido sobre las tumbas en las que fueron enterrados Luis XVI y María Antonieta tras su ejecución.

Aunque la Capilla Expiatoria tuvo un papel muy importante en el pasado y en la actualidad está catalogada como monumento histórico, creemos que su visita no es demasiado interesante. Se trata de un monumento bastante pequeño que ofrece poco que ver durante la visita. La relación calidad/precio está además suspensa.

Palacio Real de París

El Palacio Real de París se encuentra situado al norte del Museo del Louvre y tiene la peculiaridad de que no se construyó como residencia para los reyes, sino para el Cardenal Richelieu.

Conocido como el Palais Cardinal, el edificio fue donado a la corona francesa tras la muerte del cardenal, y los Duques de Orleans lo convirtieron en su residencia. Años más tarde Luis Felipe José de Orleans decidió remodelar los jardines y abrirlos al público.

En la actualidad los Jardines del Palacio Real continúan siendo de carácter público y es posible sentarse a la sombra de sus árboles para disfrutar de la tranquilidad que transmiten. Los jardines se encuentran rodeados por soportales en los que se pueden encontrar pequeñas tiendas bastante peculiares. Estos jardines no destacan especialmente por su belleza ni por las vistas que se obtienen del Palacio Real, por lo que si no disponéis de mucho tiempo en la ciudad no merece la pena desperdiciarlo.

Castillo de Vincennes

Construido a finales del siglo XII, el Castillo de Vincennes es la única residencia real francesa construida durante la Edad Media que conserva su forma original.

El Castillo, con un imponente torreón de 50 metros, es uno de los más altos de Europa. El castillo está rodeado por una muralla de 1.100 metros de longitud coronada con nueve torres y a su vez protegido por un foso de 27 metros de anchura.

Aunque es posible recorrer gran parte de la fortaleza, subir a los torreones y pasear por algunas de las estancias, todas ellas se encuentran vacías y es necesario echarle mucha imaginación para transportarse al pasado de la fortaleza.

El castillo está algo alejado del centro y creemos que la visita no compensa el desplazamiento.

Castillo de Vincennes, en París

Conciergerie

Construido como residencia real y sede del poder de la monarquía francesa, en 1392 el edificio de la Conciergerie fue convertido en una de las prisiones más duras de la época.

La palabra “conciergerie”, que en francés designa la vivienda del conserje, fue el nombre que por extensión terminó tomando la prisión que vigilaba.

Durante el recorrido a través de la Conciergerie se puede ver una pequeña reconstrucción de las cárceles revolucionarias, en las que se aprecian las diferentes condiciones en las que vivían las personas pobres, que dormían en el suelo, y las más adineradas, que poseían camas, mobiliario e incluso algunos sirvientes. Existe una reconstrucción muy detallada de la celda en la que se recluyó a Maria Antonieta tras un intento de fuga, después del cuál situaron a unos guardias en su propia celda.

Durante los años en los que la Conciergerie funcionó como institución carcelaria fueron ejecutados más de 2.700 presos, entre los que se encontraban algunos personajes célebres.

Si podéis acceder gratis adentraros para conocer las terribles condiciones en las que vivieron miles de personas antes de ser ejecutados en la Plaza de la Concordia. No merece la pena pagar.

La Conciergerie, en París

Visitas imprescindibles en París

París cuenta con numerosas atracciones interesantes que visitar. Sin embargo, como en cualquier otro lugar, hay ciertos sitios imprescindibles que no os podéis perder. Son los siguientes.

Torre Eiffel 

La Torre Eiffel es una construcción de hierro de 300 metros de altura. Fue creada para la Exposición Universal de París de 1889. Actualmente constituye el símbolo más representativo de la ciudad.

Con un diseño de Gustave Eiffel, la construcción duró poco más de dos años. En ella trabajaron 250 obreros.

Inicialmente la torre fue objeto de controversia. Los artistas del momento la consideraron monstruosa. Dada su baja rentabilidad al terminar la exposición, se planteó la posibilidad de derruirla en diferentes ocasiones.

A principios del siglo XX, con la llegada de las guerras mundiales, las autoridades encontraron su utilidad como antena de radiodifusión. Con ella captaron mensajes que ayudaron a los aliados de forma decisiva.

Actualmente y gracias al auge de París como destino turístico internacional, la Torre Eiffel es el monumento más visitado del mundo con más de 7 millones de visitantes anuales.

Subir a lo alto es una experiencia única que por supuesto os recomendamos. Para ahorraros las colas lo mejor es que compréis los tickets con antelación por internet.

También la vista desde el mirador del Trocadero, justo en frente, es una estampa que todos hemos visto alguna vez, aunque sea en foto…sobran las palabras, ¡espectacular!.

Vista nocturna de la Torre Eiffel

Notre Dame de París

Construida entre 1163 y 1245 en la Île de la Cité, la Catedral de Notre Dame de París es una de las catedrales góticas más antiguas del mundo. El nombre significa Nuestra Señora y está dedicada a la Virgen María.

En sus ocho siglos de historia, la Catedral de Notre Dame fue reformada en varias ocasiones, siendo la más importante antes de 2019 la de mediados del siglo XIX. A lo largo de estos años se sustituyeron los arbotantes, se insertó el rosetón sur, se reformaron las capillas y se añadieron estatuas.

En Notre Dame se han celebrado importantes acontecimientos, entre los que cabría destacar la coronación de Napoleón Bonaparte, la beatificación de Juana de Arco y la coronación de Enrique VI de Inglaterra.

Como todos sabemos, desgraciadamente un incendió destrozó en Abril de 2019 parte de su fachada….actualmente está en labores de restauración. Las fotos que incluimos en este post son anteriores a aquel desgraciado acontecimiento…Antes de esta triste noticia, podíamos decir que Notre Dame poseía dos torres de 69 metros en su fachada. Accediendo a la parte superior de las mismas además se podían apreciar las fantásticas vistas, visitar el campanario en el que vivió el mítico Jorobado de Notre Dame y ver de cerca las múltiples gárgolas. Aunque siempre había largas colas…¡merecía la pena!. La subida era a pie.

Actualmente desconocemos tras el incendio lo que se puede visitar…por lo que al legar allí os informarán. ¡Esperemos que Notre Dame vuelva a lucir pronto en todo su esplendor!.

Catedral de Notre Dame, antes del incendio de Abril de 2019

Arco del Triunfo de París

El Arco del Triunfo es, junto a la Torre Eiffel, el monumento más representativo de París. Con unas dimensiones de 50 metros de alto y una base de 45 por 22 metros, representa las victorias del ejército francés bajo las órdenes de Napoleón.

La construcción del Arco del Triunfo duró treinta años: Napoleón la ordenó en 1806 al finalizar la batalla de Austerlitz y el Arco se concluyó durante el mandato de Louis-Philippe. El arquitecto fue Jean-François Chalgrin.

El Arco del Triunfo ha sido testigo de innumerables momentos históricos entre los que podríamos destacar el paso de los restos mortales de Napoleón el 15 de diciembre de 1840 y los desfiles militares de las dos guerras mundiales en 1919 y 1944.

En la base del Arco del Triunfo encontraréis la Tumba del Soldado Desconocido, un monumento erigido en 1921 que con una llama siempre encendida representa a todos los franceses que murieron en la Primera Guerra Mundial y nunca fueron identificados.

En los cuatro pilares del arco están grabados los nombres de las batallas ganadas por los ejércitos napoleónicos y los de 558 generales franceses, algunos de los cuales murieron en combate y sus nombres se encuentran subrayados.

Aunque la altura es inferior a la de la Torre Eiffel, subir al Arco de Triunfo también merece la pena. Ver las vistas desde lo alto de las distintas avenidas que confluyen en la plaza es sin duda una de esas panorámicas que no se olvidan.

El Arco del Triunfo, en París

El Panteón de París

Construido entre 1764 y 1790, el Panteón de París fue el primer lugar desde el que se podía divisar la ciudad desde las alturas. Se encuentra situado en el Barrio Latino, muy cerca de los Jardines de Luxemburgo.

La construcción fue dirigida al inicio por Jacques-Germain Soufflot y al finalizar por Jean Baptiste Rondelet. El Panteón se diseñó con la intención de combinar la sencillez de la arquitectura gótica con la majestuosidad de la arquitectura griega.

A lo largo de su historia el Panteón de París ha tenido diferentes funciones: en el siglo XIX sirvió tanto para fines religiosos como patrióticos, dependiendo del régimen político.

Bajo la Tercera República y coincidiendo con el funeral de Victor Hugo, el Panteón se convirtió en un edificio destinado a albergar los cuerpos de los hombres ilustres.

La visita al Panteón es muy recomendable y podríamos dividirla en dos partes: el interior del edificio, dónde impresiona ver el tamaño de éste y su decoración y, por otro lado la cripta, donde actualmente se pueden encontrar las tumbas de personajes tan famosos como Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Marie Curie, Louis Braille, Jean Monnet o Alejandro Dumas.

El Panteón de París

El Barrio Latino de París

El Barrio Latino de París (Quartier Latin) se encuentra ubicado al sur de la Île de la Cité y es una de las zonas más concurridas y animadas de la ciudad.

Tras atravesar la Plaza de Saint Michel, en la que se encuentra una enorme fuente con la figura de San Miguel luchando con un dragón, se entra en el entramado de pequeñas y encantadoras callejuelas que componen el Barrio Latino.

A partir de este punto todo son restaurantes y cafeterías que ofrecen agradables terrazas con precios bastante asequibles. Aunque hay varias calles, una de las principales arterias del barrio es la Rue Huchette.

Este barrio debe su nombre a la Época Medieval, cuando los habitantes de la zona eran estudiantes que utilizaban el latín para comunicarse.

Desde la Edad Media los estudiantes del Barrio Latino tuvieron una gran influencia sobre Francia, y durante los siglos XIX y XX llevaron a cabo movimientos estudiantiles de gran trascendencia política. El Barrio Latino fue uno de los puntos calientes durante la Revolución de Mayo del 68.

Fuente Saint-Michel, entrada del Barrio Latino

Montmartre 

Situado en una colina de 130 metros de altura, Montmartre es uno de los barrios más encantadores y peculiares de París.

También conocido como el “barrio de los pintores”, sus pequeñas y empinadas callejuelas constituyen un entramado que incluye desde los más antiguos cabarets hasta los alrededores de la Basílica del Sagrado Corazón, repletos de restaurantes con terrazas y pintores.

Montmartre abarca dos áreas muy diferentes. En las proximidades de la Plaza Pigalle reinan las luces de neón anunciando infinitos sex-shops y algunos cabarets. Entre ellos destaca especialmente el mítico Moulin Rouge, cuyos espectáculos atraen a cientos de turistas cada noche.

El famoso Cabaret Moulin Rouge de París

Tras una empinada subida de 197 escalones, o bien utilizando el funicular, se llega hasta el Montmartre más bohemio en la Place du Tertre, situada en la parte alta de la colina. Se trata de una de las zonas más agradables del barrio, tanto para cenar en alguna de sus terrazas como para disfrutar de las obras de arte de los pintores que se extienden por la zona.

Un entramado de estrechas y empinadas callejuelas del barrio llevan hasta la Basílica del Sagrado Corazón. Constituye un precioso templo desde el que se obtienen maravillosas vistas de la ciudad. Las escaleras de debajo de la basílica suelen estar repletas tanto de turistas como de locales que acuden a pasar la tarde disfrutando de las vistas.

Basílica del Sagrado Corazón, en Montmartre

Los Inválidos

El Palacio Nacional de los Inválidos es uno de los monumentos más importantes de París y acoge la sepultura de un personaje icónico del país: Napoleón.

El imponente complejo arquitectónico formado por el Palacio Nacional de los Inválidos (Hôtel National des Invalides) fue edificado en el siglo XVII como residencia para los soldados franceses retirados del servicio.

Durante el año 1674 comenzaron a llegar los primeros huéspedes de los Inválidos, llegando a ser más de 4.000 a finales de siglo. Los soldados que habían prestado servicio a la armada francesa durante más de diez años podían retirarse. Lejos de lo que pudiera pensarse, no dedicaban su tiempo a contar anécdotas sobre la guerra y a jugar a las cartas. Lo aprovechaban para culturizarse y realizar algunos trabajos arreglando uniformes o zapatos, entre otras tareas.

La iglesia de Los Inválidos fue concebida para servir al rey y a los soldados. Aunque todos asistían a misa de forma simultánea, debían acceder al templo por lugares diferentes:

  • La iglesia del domo. Construida entre 1677 y 1706, la capilla real pasó a convertirse en un panteón militar en el que se guarda el sarcófago con las cenizas de Napoleón I. Desde el exterior, la cúpula dorada de 100 metros de altura resulta llamativa desde diferentes partes de la ciudad
  • La iglesia de los soldados. Esta parte de la iglesia está decorada con un centenar de trofeos que fueron arrebatados al enemigo. Representan la historia del ejército francés desde 1805 hasta el siglo XX
Palacio Nacional de los Inválidos, en París

Los Campos Elíseos

Con una longitud de casi dos kilómetros, los Campos Elíseos (Champs-Élysées) componen la arteria más bella y conocida de París. Además es una de las avenidas más famosas del mundo.

Su historia comenzó en 1640 con la plantación de una gran alineación de árboles. Posteriormente se convertiría en la avenida. El nombre de los Campos Elíseos procede de la mitología griega y designaba un lugar equivalente al Paraíso cristiano.

En 1724 la avenida adquirió su trazado actual. Posteriormente en 1994 se realizó una importante remodelación que mejoraría considerablemente su aspecto. Actualmente constituye un importante espacio para los amantes de las compras, además de uno de los más preciosos parajes para pasear de toda la ciudad.

Los Campos Elíseos también son un lugar importante para el ciclismo. Es donde se sitúa la meta del Tour de Francia.

Estructura de la avenida

La avenida se encuentra dividida en dos partes que se pueden diferenciar fácilmente. La zona más baja de los Campos Elíseos está situada junto a la Plaza de la Concordia. Se encuentra rodeada de jardines presididos por imponentes edificios como el Palacio del Descubrimiento, el Petit Palais y el Grand Palais.

La parte alta de los Campos Elíseos comienza en la Place de l’Etoile junto al magnífico Arco del Triunfo. Está compuesta por tiendas de lujo, restaurantes, cines y algunos grandes almacenes.

Al finalizar la Avenida de los Campos Elíseos, en el lado opuesto al Arco del Triunfo se extienden la Avenida de la Gran Armada y la Avenida de Charles de Gaulle. Llevan hasta el Gran Arco situado en el moderno barrio de La Defensa, uno de los principales centros de finanzas de la Unión Europea.

Desde el Gran Arco se obtienen unas vistas sin igual de la Avenida de los Campos Elíseos.

Los Campos Elíseos, con el Arco del Triunfo al fondo

Palacio de Versalles

Con una imponente arquitectura y más de 800 hectáreas de jardines, el Palacio de Versalles constituye un lugar muy visitado en Francia.

Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde hace más de treinta años. Es uno de los palacios más conocidos a nivel mundial. No sólo por su imponente arquitectura sino también porque constituye una parte importante de la historia de Francia.

La visita al Palacio aúna historia y cultura y es altamente recomendable. Queda algo alejado por lo que si no disponéis de coche, tendréis que coger el tren para llegar. Puesto que tanto el interior como el exterior merecen la pena, lo suyo es dedicar algunas horas a Versalles.

Historia del Palacio

Luis XIV fue el primero en transformar y ampliar el pabellón de caza de su padre, Luis XIII. Allí se instalaría la Corte y el gobierno en el año 1682. Desde entonces y hasta la llegada de la Revolución Francesa, diferentes monarcas se fueron sucediendo en el trono y continuaron embelleciendo el palacio.

En 1661 se iniciaron las obras para la creación de los Jardines de Versalles.  No se verían finalizadas hasta cuarenta años después. La construcción fue un duro trabajo. El terreno estaba ocupado por bosques y zonas pantanosas. Se necesitó la ayuda de miles de hombres que se ocuparon de transportar tierra y todo tipo de árboles.

En 1789 el palacio dejó de funcionar como sede oficial del poder. Posteriormente se convirtió en el Museo de la Historia de Francia.

Palacio de Versalles, en París

Información general de Francia

País Vasco francés, playas rocosas y verdes prados

“La vida tranquila de la campiña francesa”

Dedicamos este post a nuestra amiga Sandra Sajardo, con quien descubrimos cada rincón del País Vasco francés durante la Semana Santa de 2018. ¡Esperamos que te guste Sandri, un beso! – Ana y Virginia

El País Vasco francés constituye la parte septentrional del País Vasco y está situado en la zona occidental del departamento de los Pirineos Atlánticos, en el área francesa de Nueva Aquitania.

Es una de las regiones más bonitas del Golfo de Vizcaya, en la que se pueden percibir perfectamente los contrastes entre España y Francia. La parte francesa es mucho más bucólica, con pueblecitos preciosos y muy cuidados. En cambio la española, sobre todo en la zona de Navarra, es más auténtica y salvaje.

Diferenciando entre la costa y el interior se observan todo tipo de paisajes: desde las playas rocosas y con animado oleaje perfectas para surfistas hasta los verdes prados.

Hicimos un viaje de 6 días por el País Vasco francés durante las vacaciones de Semana Santa de 2018. A continuación os describimos todas las paradas de nuestro “road trip”. Es un recorrido muy recomendable, pues no solo contemplaréis la belleza de la campiña francesa, sino que también desconectaréis bastante con la vida tranquila y sosegada en esta parte del país, además de, como no, disfrutar de la excelente gastronomía de la zona.

Bahía de Txingudi

Existen tres localidades que se disponen a lo largo de la bahía de Txingudi, localizada en la desembocadura del río Bidasoa al Mar Cantábrico, siendo frontera natural entre España y Francia. Son Hondarribia (también conocida como Fuenterrabía), Irún y Hendaya (ésta última ya pertenece a Francia).

Desde Madrid cogimos un tren hasta la estación de Irún-Hendaya. Se llama así pero el trayecto termina realmente en Irún. Al llegar tomamos un taxi y cruzamos la frontera hasta Hendaya, que está muy cerca, a pocos km. Allí teníamos la reserva para la primera noche.

Hendaya

Tras dejar las cosas en el alojamiento, un apartamento situado en el centro, fuimos a comer algo. Eran ya pasadas las 3 de la tarde y no nos percatamos de que en Hendaya, al estar en territorio francés, los horarios son los de este país…¡por lo que casi todo estaba cerrado!. Al final nos tomamos un sándwich en una pequeña pâtisserie. Si os pasa esto, de todas formas no os preocupéis…por suerte al encontrarse al lado de la frontera con España y tan cerca de Irún, siempre podéis ir allí…¡y comeréis estupendamente seguro!:). 

Después de comer, nos dispusimos a conocer Hendaya. Es un bonito pueblo francés situado justo al lado del río de Hondarribia. Sus 3 km de playa de fina arena ofrecen algo para todo el mundo, tanto familias como surfistas. La localidad está también llena de bellas casas de estilo vasco y es el lugar de origen del conocido como estilo neo-vasco. El sitio deleita además con sus cafés y pâtisseries, con un peculiar encanto francés.

En Hendaya os recomendamos que deis un paseo tranquilo, sin horarios ni prisas. Tras ver las callecitas del centro, podréis acercaros hasta la zona de la bahía. Es uno de los puntos más bonitos, desde allí veréis el pueblo vasco de Hondarribia y, bordeándola, llegaréis hasta la playa. Este paseo nos gustó mucho, nos encantó caminar viendo los botes y barcos pesqueros en sus calmadas aguas. A nosotras nos pilló el día nublado, lloviznaba, pero en verano tiene que estar fenomenal.

Por último, también os recomendamos que visitéis el Castillo Abaddia (“Château Abbadia” en francés), situado a las afueras. Fue construido según el diseño de Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc en un estilo neogótico entre 1860 y 1870.

Irún

Tras ver el castillo cogimos un autobús, cruzamos de nuevo la frontera y  nos acercamos hasta Irún. Es la segunda ciudad más poblada de Guipúzcoa después de su capital, San Sebastián. Si bien esta localidad española no tiene grandes atracciones turísticas que visitar, ofrece bonitos paseos por el centro urbano. Además destacan, como en el resto de la región, ¡su buen ambiente y sus ricos pinchos!.

Ya estaba anocheciendo así que aprovechamos para probarlos en algunos sitios alrededor de la Plaza del Ayuntamiento. No hace falta decir que en un viaje de este tipo la gastronomía es un punto fuerte, desde luego. Estuvimos en el restaurante “Manolo”, muy cerquita de la plaza, que nos encantó. Muy muy recomendable.

Ya de noche nos dispusimos a volver a Hendaya. Fuimos caminando. La distancia es corta, tardamos una media hora. No nos dio tiempo a ver Hondarribia, la veríamos el último día, antes de coger el tren de vuelta a Madrid.

Biarritz

Al día siguiente nos levantamos temprano y, tras desayunar en una de las famosas pâtisseries de Hendaya, cogimos el tren con destino Biarritz. En el trayecto se pasa por San Juan de Luz, que por supuesto teníamos pensado visitar, pero debíamos ir primero a Biarritz, ya que allí recogeríamos el coche que habíamos alquilado.

Al llegar, dejamos las cosas en el alojamiento, el cual estaba un poco alejado del centro y nos dispusimos a ver la famosa ciudad. En este enlace tenéis todos los detalles sobre nuestra visita. Como no podía ser de otra manera, en Biarritz aprovechamos para tomarnos una galette en una creperie…¡estaba riquísima!.

Bayona

Al día siguiente, recogimos el coche y ya en él nos fuimos hasta Bayona, la ciudad más importante del País Vasco francés. Nos gustó mucho. En este enlace tenéis una descripción de lo más representativo que podéis visitar allí.

San Juan de Luz

Después de ver Bayona nos acercamos hasta San Juan de Luz, otro de los puntos famosos de la zona e imprescindibles de visitar. Habíamos leído sobre la belleza de este pequeño pueblo costero y la verdad es que cumplió con nuestras expectativas.

En San Juan de Luz estuvimos dando una vuelta. El día estaba soleado y fue muy agradable. La zona del puerto, con todos los barquitos amarrados, es preciosa. Aprovechamos además para tomarnos un café en una terraza.

La playa de San Juan de Luz es larga y bonita. Pasear por ella, con el día que hacía, fue estupendo. Nos relajamos mientras observábamos el paisaje y la animación del paseo marítimo.

Tras esta maravillosa visita nos dirigimos al interior, a la pequeña localidad de Ayherre, que es donde teníamos el alojamiento. ¡Una casa rural preciosa!. Ese día además cenamos fenomenal, en el restaurante Gozategia. Posee una terraza acristalada desde donde se contempla la espectacular panorámica de la preciosa campiña francesa. Este paisaje, nos acompañaría durante todo el viaje.

La Bastide-Clairence

Al día siguiente nos levantamos temprano y, tras desayunar divinamente en la casa rural, nos dirigimos a visitar La Bastide-Clairence. Clasificada entre los pueblos más bellos de Francia, esta magnífica bastida navarra del siglo XIV posee un encanto increíble…La pintoresca plaza central con arcadas, las típicas casas blancas con entramado de color rojo y los numerosos talleres de artesanía artística la convierten en un destino muy solicitado. La imponente iglesia destaca por el cementerio prado repleto de lápidas funerarias y por su interior adornado con tres pisos de galerías de madera.

Nos dimos una vuelta por el pueblo y nos encantó. Era primera hora de la mañana y no había apenas gente por las calles, pero eso no restó magia al lugar.

Saint Etienne de Baigorry

Nuestra siguiente parada fue el pequeño pueblo de Saint Etienne de Baigorry. Sus casas vascas típicas y su espléndida iglesia de San Esteban, con un retablo barroco de interés, un órgano Rémy Mahler y tres pisos de galerías de madera, hacen de esta localidad un bonito lugar para pasear. Allí aprovechamos además para tomar un chocolate en la Chocolatería Laia, que habíamos leído era muy recomendable.

Otra de las atracciones de este pueblecito francés es su puente de piedra, que, junto con el verde entorno, constituye una estampa preciosa.

Saint Etienne de Baigorry

En esta pequeña localidad también sacamos fotos muy bonitas. Nos llamaron la atención los pétalos de rosa caídos sobre la carretera.

Saint-Jean-Pied-de-Port

Tras visitar Saint Etienne de Baigorry, cruzamos la frontera y comimos en España. La panorámica que se divisaba desde la sinuosa carretera era espectacular. Repusimos fuerzas y nos dirigimos hacia nuestro siguiente lugar marcado en el mapa.

Saint-Jean-Pied-de-Port (San Juan de Pie de Puerto) estaba entre nuestros puntos de interés desde que empezamos a planear el viaje. Este lugar, conocido por ser el comienzo oficial del Camino de Santiago francés, es uno de los más famosos del País Vasco francés.

San Juan de Pie de Puerto es un pequeño pueblo situado junto al río Nive, a tan solo 8 kilómetros de la frontera española. La localidad está en el paso de Roncesvalles en la base de los Pirineos y de ahí recibe el nombre de “a pie de puerto”.

En San Juan os recomendamos que os deis un paseo tranquilo, observando cada bello rincón. Está llena de monumentos y comercios artesanos. Posee una ciudadela que domina toda la ciudad, desde una altura mayor de 70 m. Desde la misma las vistas son preciosas. En ella destaca La puerta de Santiago, catalogada como patrimonio mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1998. Constituye la entrada histórica de los peregrinos en ruta hacia Compostela por lo que debe su nombre al paso de todos los que hacen el Camino de Santiago.

Tomamos unos exquisitos crepes para cenar. En San Juan de Pie de Puerto hicimos noche, en la casa de una familia francesa que alquilaba habitaciones. Fue estupenda la convivencia con ellos. Además, ¡aprovechamos para practicar un poco con el francés!:).

Sare

Al día siguiente nos levantamos temprano y, tras tomar un buenísimo desayuno con la familia con la que estábamos, cogimos el coche y nos dirigimos a conocer otros pueblos que gozan de gran fama en el País Vasco francés. Uno de ellos es Sare. Fue el primero que vimos ese día.

Sare es una localidad muy pequeña, que conserva el encanto propio y la estética de toda la zona. Vimos de nuevo las casitas rojas y blancas, tan características y comunes por toda esta parte de Francia.

Ainhoa

Cercano a Sare, Ainhoa es otro de los pueblos famosos del País Vasco francés. Se trata de una lugar pequeño, básicamente formado por una sola calle. Las casas son de nuevo el ejemplo perfecto de la arquitectura local, caracterizadas por la piedra expuesta en las esquinas y las contraventanas de madera en vivos tonos rojos o verdes. El camino de Santiago cruza también Ainhoa. Se trata además de un buen lugar base para las numerosas rutas de senderismo de los alrededores.

El centro de Ainhoa se encuentra justo al lado de la calle principal y está formado por tres de los elementos más tradicionales de cualquier pueblo vasco: la iglesia rodeada por el cementerio y, al lado, el frontón.

Cuando estábamos visitando Ainhoa de repente se puso a llover muchísimo…¡bueno es que nos granizó!. Fue algo repentino y propio a lo mejor quizás también de la fecha. Era recién entrada la primavera y, en esta zona, hasta el mes de Junio, es normal que llueva. ¡Por algo los prados son tan hermosos y verdes!.

Erratzu y la cascada del Xorroxin

Tras visitar Ainhoa decidimos cruzar la frontera de nuevo y pasar a Navarra, en España. Nos apetecía hacer alguna ruta de senderismo, así que nos dirigimos hacia Erratzu, en la zona del Baztán, donde está la cascada del Xorroxin. Dejamos el coche en el pueblo y comenzamos la ruta, que dura alrededor de 1 h aproximadamente hasta la cascada.

Este recorrido constituye uno de los senderos más sugerentes y atractivos de Baztán, un refrescante paseo entre hayas y castaños que nos habla de antiguos seres mitológicos y en el que se intenta compatibilizar su tirón turístico con los usos tradicionales del entorno. Al final del camino llegaréis a la cascada del Xorroxin. Con el rumor del agua, entre musgos, líquenes y helechos y el entorno, viviréis un momento precioso.

Nos gustó mucho la ruta y nos sirvió para hacer algo de ejercicio…¡no hacíamos más que ir en coche y comer!:).

Urdax

Con la visita a la cascada llegó el mediodía, así que nos dirigimos a la cercana localidad de Urdax, famosa por su cueva. Otras atracciones son el monasterio de San Salvador y el molino. Tras darnos un paseo por este bonito pueblo navarro, mucho más salvaje y auténtico que los franceses que habíamos visto en los días anteriores, comimos en el restaurante Monxto, uno de los más conocidos del lugar. Habíamos leído buenísimas referencias y no nos defraudó. Estaba todo buenísimo. De nuevo disfrutamos con la gastronomía de la zona.

Después de comer, nos dispusimos a ver la cueva, para la cual las visitas son guiadas y en grupos.  Se trata de una cueva, llamada cueva de Ikaburu, que se originó hace unos cientos de miles de años gracias a la continua erosión del río Urtxume. La visita por sus galerías os adentrará en un mágico universo de estalactitas y estalagmitas. Según la leyenda, aquí habitaron las lamias, cuyas voces parecen escucharse a través de los ecos del arroyo que discurre por su interior. ¡Una visita que sin duda recomendamos!.

Cerca de Urdax también se encuentran las famosas cuevas de Zugarramurdi. No nos dio tiempo a verlas pero dicen que son asimismo muy recomendables.

Espelette

Con la fantástica visita a la cueva de Urdax todavía en la cabeza, cruzamos de nuevo la frontera a Francia y pusimos rumbo hasta el pueblo de Macaye, donde teníamos reservado el alojamiento para esa última noche. Se trataba de un hotel rural precioso y muy cuidado, en medio de nuevo de la campiña francesa. Estaba alejado completamente del poco ruido que hay por esta zona y reinaba una inmensa tranquilidad. Un lugar en el que sin duda repetiríamos. 

Tras descansar un poco, nos dirigimos al último pueblo que teníamos marcado en esta zona para ver: Espelette. Es conocido, entre otras cosas, por sus pimientos, ¡deliciosos!. 

Espelette es una parada obligada en vuestro viaje por el País Vasco francés. Bastante turístico, este encantador pueblo encierra entre sus calles la estética propia de la zona. Como no, debéis disfrutar de la gastronomía. En nuestro caso, aprovechamos para tomarnos una pizza de pimientos, ¡estaba riquísima!. Y como no podía ser menos también nos tomamos un crepe de chocolate como postre…¡siempre recordaremos Espelette por lo bien que cenamos allí!. 

Hondarribia

Como cada día, el último del viaje también nos levantamos temprano. El desayuno en el hotel rural fue de lo más variado: quesos, mermeladas, distintos panes…¡todo exquisito como siempre!.

Tras desayunar, nos dirigimos hacia Biarritz de nuevo, donde dejaríamos el coche. Allí cogimos el tren hasta Hendaya, el mismo trayecto que habíamos hecho a la ida. Al llegar nos recogieron unos amigos que viven en San Sebastián, con los que habíamos quedado para tomar algo antes de volver a Madrid. 

Nuestra última visita fue el pueblo vasco de Hondarribia (también llamado Fuenterrabía), que no nos había dado tiempo a ver el primer día del viaje.

¿Qué ver en Hondarribia?

En Hondarribia hay distintos puntos de interés que visitar. Darse un paseo por allí si además hace buen tiempo, como era el caso, es un auténtico placer.

Su casco viejo está lleno de encanto, rodeado de una muralla medieval, la única de la provincia de Guipúzcoa. La puerta de Santa María es la puerta principal de acceso al recinto amurallado.

Es muy destacado el barrio de La Marina. Su calle más importante, la de San Pedro, está llena de restaurantes y se encuentra flanqueada por las típicas casas de pescadores con blancas fachadas, vigas y balcones de madera pintados de distintos colores: verde, azul, amarillo, etc. Como curiosidad os contamos que por tradición los pescadores pintaban sus casas con los mismos colores que pintaban sus barcos. De este modo todos sabían a quién pertenecía cada casa ;).

Otro punto para visitar en Hondarribia que merece mucho la pena es el Santuario de la Virgen de Guadalupe, no solo por el propio encanto del lugar sino también por las vistas que hay desde el mirador.

La ermita y santuario católico se sitúa en el monte Jaizquíbel y apareció por primera vez en un documento datado del 1526. Se cuenta que el marino Juan Sebastian el Cano donó seis ducados dorados a esta ermita. Además, ha sido protagonista de muchos acontecimientos a lo largo de la historia de esta región. Nos tomamos el aperitivo en La Cantina de Guadalupe, muy cerca del Santuario. La panorámica desde allí, era espectacular.

Hondarribia es uno de los pueblos más bellos del País Vasco por muchas razones: sus plazas adornadas con bonitas flores que se exhiben en sus balcones, las calles adoquinadas, las construcciones en madera, además de por supuesto el buen ambiente que lo acompaña…y como no…¡¡se come fenomenal!!. Todo ello hace esta visita imprescindible si estáis por esta zona.

Tras conocer Hondarribia tomamos el tren en la estación de Irún con destino Madrid.

Así terminó nuestro “road trip” por el País Vasco francés. Un viaje que nos gustó bastante y del que sobre todo destacamos la impresionante gastronomía de la que podréis disfrutar.

Transporte en el País Vasco francés

Como ya comentamos el viaje que proponemos es en coche, siendo la mejor manera de poder llegar a cada pueblo y punto de interés. Las carreteras están bastante bien y todo está perfectamente comunicado. Los paisajes que se observan en el trayecto, son preciosos: inmensos prados verdes con las pequeñas casitas típicas esparcidas en distintos lugares.

Nosotras preferimos llegar en tren desde Madrid hasta la frontera y recogimos el coche en Biarritz, pues no hay muchos sitios con disponibilidad de alquiler ya dentro de Francia por esta zona. No fue un inconveniente, pues como hemos dicho llegamos hasta Biarritz en tren sin problema. Otra opción es recoger el coche en San Sebastián, pero cuando miramos ya no había disponibilidad. Os recomendamos que este tema lo miréis con tiempo. Por supuesto podéis ir directamente en coche desde vuestro punto de origen y os ahorráis todos estos trámites.

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Bayona, el mejor jamón en Francia

“La ciudad más importante del País Vasco francés”

Bayona, la ciudad más importante del País Vasco francés, es un lugar relajado y libre de estrés, lleno de bonitas casas de estilo vasco, con coloridas vigas y contraventanas de madera. Se localiza a orillas de los ríos Adour y Nive. La zona más pintoresca se encuentra al lado de este segundo, donde las vistas son preciosas. Bayona es además hogar de chocolateros y famosa por su jamón.

Pasamos en esta ciudad tan solo una mañana pero lo cierto es que nos gustó mucho. Es sin duda uno de los puntos más bonitos de la costa sudoeste francesa. Dada su situación estratégica sirvió como fortaleza desde la época medieval. Hoy en día aún se puede ver parte de las antiguas murallas que rodean el casco antiguo…pero el verdadero encanto de Bayona está en sus calles adoquinadas, adornadas con las tradicionales casas de madera y los animados restaurantes.

¡Es una ciudad con mucha vida!. Nuestra visita coincidió con la Feria del Jamón, por lo que además de comer muy bien, pudimos ver el ambiente con música y gente, ¡fue estupendo!.  

¿Qué ver en Bayona?

Un día es suficiente para conocer lo más representativo de esta bonita ciudad. Los ríos Nive y Adour dividen Bayona en tres barrios distintos: Gran-Bayonne, Petit-Bayonne y Saint-Esprit. 

Gran-Bayonne

Grand Bayonne es el barrio más comercial, así como también el corazón histórico. Allí encontraréis los siguientes puntos de interés.

Catedral de Santa María

La Catedral gótica de Bayona domina el panorama de la ciudad. La construcción dio comienzo en 1213 pero no fue terminada hasta el siglo XVII (con excepción de la torre norte, terminada en el siglo XIX). Al lado de la catedral se encuentra el claustro de estilo gótico flamígero y que se remonta a 1240. Se trata de uno de los mayores claustros de Francia.

El Castillo Viejo (Château-Vieux)

Construido en el siglo XII por los vizcondes de Lapurdi, fue originalmente la residencia oficial de los gobernadores de la ciudad (incluyendo a Eduardo de Woodstock, el Príncipe Negro). Hoy en día el edificio le pertenece al ejército y no está abierto al público.

El Ayuntamiento

El impresionante Ayuntamiento de Bayona (“La Mairie” o “L’Hôtel de Ville” en francés) está situado en la intersección de los ríos Nive y Adur. Fue construido en 1843 en estilo neoclásico y era originalmente la oficina de aduana. Las seis estatuas del tejado representan la actividades económicas y artísticas más importantes de la ciudad. Actualmente, aparte del Ayuntamiento, alberga el teatro y un café con una bonita terraza en la plaza enfrente del edificio.

Mercado “Les Halles”

A orillas del río Nive se encuentra el mercado cubierto de Bayona, llamado  “Les Halles”. Este es el lugar perfecto para descubrir todos los productos locales que Bayona tiene para ofrecer. Además de carne, pescado, frutas y verduras, encontraréis un par de panaderías donde probar el sabroso pastel vasco (“gâteau Basque” en francés). El mercado y sus alrededores están especialmente animados los sábados por la mañana, cuando productores locales y comerciantes de ropa se reúnen para celebrar el mercado semanal al aire libre.

El jardín botánico

Bayona posee también un jardín botánico, llamado Jardin Botanique, que ocupa una extensión de 3.000 m2 y está situado en la avenida llamada Avenue du 11 Novembre (junto a la oficina de turismo). Este jardín botánico abrió sus puertas a finales de los 90 y se encuentra en uno de los baluartes entre la catedral y la muralla.

Petit Bayonne

En la zona de Petit-Bayonne están los siguientes puntos de interés.

Museo Vasco

Aparte de pasear por las calles de este bonito barrio y disfrutar de su arquitectura, en Petit Bayonne podréis visitar el Museo Vasco (Musée basque et de l’histoire de Bayonne). Fundado en 1922, contiene una importante colección de historia vasca y francesa de la región. El museo vasco se encuentra a orillas del río Nive en un pequeño palacio del siglo XVI llamado “maison Dagourette”.

Museo Bonnat

Otro interesante museo situado en este mismo barrio es el Museo Bonnat. Las obras del pintor realista local Léon Bonnat, el cual da nombre a este museo, forman la mayor parte de la colección principal. Sin embargo, también encontraréis obras de otros artistas famosos tales como Botticelli, Rafael y Rembrandt. 

El Castillo Nuevo (Château-Neuf)

Situado en el punto más alto de Petit Bayonne, se levanta el Château-Neuf (castillo nuevo), construido en el siglo XV por Carlos IV. Este masivo edificio pertenece a día de hoy a la universidad y desgraciadamente está cerrado al público.

Saint-Esprit

Desde Petit Bayonne es posible cruzar el río Adur utilizando el puente Saint-Esprit hasta el barrio con el mismo nombre, donde se encuentran la  ciudadela y la estación de tren.

El barrio de Saint-Esprit fue inicialmente parte de Gascuña y, por esa razón, diferente al resto de Bayona. Fue ocupado mayoritariamente por judíos que escapaban de la Inquisición española a principios del siglo XVIII. Los judíos contribuyeron en gran medida al crecimiento de Bayona. Una de sus aportaciones más importantes fue la introducción del chocolate, el cual primero se estableció en Bayona para extenderse a continuación al resto de Francia. Hoy en día todavía quedan muchos chocolateros en la ciudad, como por ejemplo  L’Atelier du Chocolat, con un taller en las afueras de Saint-Esprit que puede ser visitado. 

En el siglo XVII, Vauban, ingeniero militar jefe bajo el reinado de Luis XIV de Francia, ordenó la construcción de la ciudadela y otras fortificaciones. La ciudadela tiene forma rectangular con cuatro bastiones. Aunque todavía intacta a día de hoy, le pertenece al ejército francés y no está abierta al público. Las mejores vistas de la ciudadela se obtienen desde el puente Saint-Esprit.

Puente Saint-Esprit de Bayona

Costumbres de Bayona

Bayona es una ciudad animada donde sin duda disfrutaréis mucho. Aunque francesa, tiene algunas costumbres comunes con España. Por ejemplo, las corridas de toros es algo completamente establecido. Es la ciudad taurina más antigua de Francia, posee la primera plaza del país. Bayona se enorgullece enormemente de esta tradición. 

Además, es muy famosa también por sus productos locales, entre los que debemos destacar sin duda el jamón y el chocolate.

El chocolate

El chocolate fue originalmente introducido por los judíos sefardíes que huyeron de España durante la Inquisición Española y todavía goza de una fuerte presencia en la economía actual. Si simplemente os apetece probar algo de chocolate, encontraréis muchas tiendas en todo Bayona (especialmente en la calle llamada Rue Port-Neuf). Sin embargo, si estáis realmente interesados en chocolate, podéis visitar  “L’Atelier du Chocolat” situado en las afueras del barrio St. Esprit (es necesario un coche para llegar allí). Además de poder degustar sus chocolates, aprenderéis acerca de la historia del chocolate y descubriréis una colección de maquinaria antigua.

Todos los años, durante el fin de semana de la fiesta de la Ascensión, Bayona celebra los Días del Chocolate (“Les Journées du Chocolat” en francés). En 2019, esta celebración tendrá lugar del 31 de mayo al 2 de junio.

L’Atelier du Chocolat de Bayona

El jamón

El jamón de Bayona es jamón curado con pimientos de la cercana localidad de Espelette. Tendréis la oportunidad de probarlo en cualquier bar o restaurante. También es posible visitar al productor de jamón Pierre Ibaialde (visitas guiadas solamente en francés) que tiene su local en el corazón de Petit Bayonne.

Durante el fin de semana de Semana Santa, Bayona celebra la Feria del Jamón (“Foire au Jambon” en francés) en el mercado de la ciudad. ¡Nosotras tuvimos la oportunidad de conocerla y nos encantó el ambiente!.

¿Dónde comer en Bayona?

En vuestro paseo por esta bonita ciudad no tendréis problema para elegir restaurante, ya que todo el centro está plagado de sitios apetecibles. Nosotros comimos en “Janine” (12 Rue Port de Castets) y nos encantó. Muy recomendable.

Transporte en Bayona

La ciudad de Bayona se puede recorrer andando. Es lo que os recomendamos, pues así podréis explorarla conociendo cada bello rincón. De las atracciones turísticas, únicamente el “L’Atelier du Chocolat” está algo alejado como hemos comentado, necesitándose coche para llegar.

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Biarritz, elegancia francesa

“Paseando por la Grande Plage”

Biarritz es uno de los puntos más importantes del País Vasco francés, una prestigiosa y elegante localidad playera a orillas del Océano Atlántico. Posee una costa salvaje, repleta de rocas esculpidas por la fuerza de las olas. Otro de sus atractivos son los espléndidos edificios y villas, que van del art nouveau al neovasco pasando por el art déco y el barroco. Además, las largas playas de arena fina, ideales para descansar o hacer surf, sin duda atraen a conocerla. 

Aunque es cierto que tiene mucha fama y esperábamos más, Biarritz es sin duda una parada obligada en vuestro viaje por el País Vasco francés. Lo que menos nos gustó fueron los edificios de hormigón que se levantan entre las bonitas mansiones enturbiando la estética de la ciudad. Aun así, su enraizado ambiente surfero y el toque de lujo de los adinerados veraneantes que ocupan las grandes villas crean un curioso contraste que llenan de encanto el lugar.

Biarritz posee además un ambiente fantástico y animado, sobre todo en verano. Nosotras estuvimos recién entrada la primavera y el día estaba muy nublado, por lo que no la pudimos ver en todo su esplendor. Otra cosa…¡avisamos que no es especialmente barato!. Hay que andar espabilados y mirar dos veces los precios:).

Historia de Biarritz

Esta famosa localidad francesa fue en su origen un pueblo ballenero, tal y como recoge el escudo de la ciudad. En el siglo XIX los médicos recomendaban los baños en sus aguas por sus propiedades terapéuticas.

En el año 1843 el escritor francés Víctor Hugo descubrió la ciudad y quedó prendado de su sencillez y belleza. Poco después, en 1854 alcanzaría su verdadera fama cuando la esposa de Napoleón, la Emperatriz Eugenia de Montijo, hizo construir un palacio en la playa para beneficiarse de las propiedades curativas de sus aguas. Hoy en día ese palacio se conoce como el Hôtel du Palais, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. A partir de este momento, Biarritz se convirtió en el lugar donde los nobles y burgueses acudían. Con su llegada se construyeron las impresionantes villas, muchas de las cuales se conservan hoy en día.

¿Qué ver en Biarritz?

Nosotras solo pasamos un día en Biarritz. Fue suficiente para conocer lo más representativo de esta ciudad que, antaño, fue de lo más elegante de la costa atlántica de Francia. Aún hoy quedan vestigios de la ostentación de toda aquella época. Observándolos sentiréis como si viajarais en el tiempo.

A continuación enumeramos los puntos de interés que no os podéis perder.

La Grande Plage

Es la playa principal, muy concurrida por los surfistas. Destaca su preciosa vista con las rocas que emergen del mar y al fondo el faro.

Casino Municipal

Situado en el centro de Biarritz, es el símbolo art déco de la ciudad. Fue construido en 1929 por el arquitecto Alfred Laulhé. Además de un casino, el edificio alberga un teatro, una piscina y un restaurante. También es utilizado como centro de congresos por el ayuntamiento.

Se cree que sirvió como punto de espionaje durante la Primera Guerra Mundial.

Hotel du Palais

El edificio fue originalmente la residencia de verano de la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III. Fue construido en 1854 en estilo Segundo Imperio. Entonces conocido como Villa Eugenie mantendrá este nombre hasta 1893, cuando se transformó en un hotel y cambió el nombre a Hôtel du Palais. Actualmente es un hotel de lujo de 5 estrellas y se le adjudicó en mayo de 2011 la “Distinción Palace”, que reconoce sus características excepcionales.

Iglesia Ortodoxa

Fue construida en 1892, en un estilo bizantino por el Sr Tisnés, arquitecto biarrota. Fue adornada con iconos que venían de San Petersburgo. Destaca por su cúpula azul.

Iglesia Ortodoxa de Biarritz

La Capilla Imperial

También fue construida por orden imperial de la emperatriz Eugenia. Data del año 1864 y está dedicada a la Virgen mejicana de Nuestra Señora de Guadalupe. Asimismo, presenta una armoniosa mezcla de estilos romano-bizantino e hispano-morisco y está decorada con azulejos y mosaicos.

Capilla Imperial de Biarritz

Iglesia de Santa Eugenia

Llamada así de nuevo por el nombre de la esposa de Napoleón III, la emperatriz Eugenia de Montijo, es una iglesia neogótica de piedra gris que domina el puerto viejo. Su construcción duró desde 1898 hasta 1903. En el interior cuelga como exvoto la maqueta de un buque de guerra de tres palos armado de cañones con el casco azul, blanco y negro: El Matilda. La cripta alberga la tumba del sacerdote Gaston Larre, primer párroco en 1884. Hoy en día esta cripta es sede de exposiciones de arte en la ciudad. 

Faro de la Pointe Saint-Martin

Este hermoso faro de 73 metros de altura fue construido en el año 1830 sobre la punta de San Martin, un túmulo de rocas que separa geográficamente Biarritz de Anglet. Fue modernizado en el año 1950. Se pueden subir sus 248 escalones y obtener una vista inigualable de los Pirineos y la costa.

La Roca de la Virgen (El Rocher de la Vierge)

Es otro de los símbolos de la ciudad. Napoleón III tenía el proyecto de establecer un puerto refugio en este sitio y la mandó perforar. Es una roca conectada con la tierra sobre el mar gracias a una pasarela de metal. Está coronada con una estatua de la Virgen, erigida por orden de los pescadores para no olvidar su milagrosa vuelta nocturna durante una tormenta.

Museo del Mar

Es una de las atracciones más famosas de esta ciudad. Está construido al borde del mar, encima del acantilado de la Roca de la Virgen.

El museo posee varios acuarios, la llamada cueva de los tiburones, el popular espectáculo de las focas, además de preciosos restaurantes que poseen una vista excepcional del océano y de la Roca de la Virgen. Un lugar donde sin duda los niños más disfrutarán.

Transporte en Biarritz

Biarritz es pequeña y perfectamente asequible para recorrerla andando. Es como se debe hacer. Perderse por cada rincón es sin duda la mejor manera de conocer este encantador lugar. 

Información general de Francia

Mont Saint-Michel, el santuario entre las aguas

“La abadía más famosa de Normandía”

La visita a la abadía benedictina de Mont Saint-Michel estaba entre nuestras primeras ideas y puntos de interés para el viaje de Interrail por Francia y Bélgica de aquel ya lejano 2005. Habíamos leído bastante sobre ella. El conjunto de leyendas y su misterio, junto con el entorno, construida en un islote rocoso de Normandía, nos parecían razones más que suficientes para visitarla.

Tras estar la tarde anterior visitando Rennes, cogimos un tren aquel día lluvioso de Abril a primera hora de la mañana, hasta la estación de Pontorson. Desde allí tomamos un autobús urbano que nos llevó hasta la misma abadía, en el pueblo de Mont Saint-Michel.

Historia de la abadía

El Monte Saint-Michel y el municipio del Monte Saint-Michel no siempre se han llamado así. El islote, denominado originalmente Monte Tumba y, más tarde, «el Monte Saint-Michel a merced del mar», ha atravesado todas las épocas hasta convertirse actualmente en el tercer lugar más visitado de Francia.

La leyenda de las visiones del obispo de Avranches

Según cuenta la leyenda San Auberto, obispo de Avranches, fue el fundador del Monte Saint-Michel.  Después de que el arcángel San Miguel se le apareciera tres veces en sueños, decidió construir un oratorio en honor a este personaje divino. 

Durante la construcción, el obispo de Avranches envió a dos canónigos en busca de reliquias de San Miguel. Según se cuenta, trajeron un trozo de su capa roja y un pedazo de mármol sobre el que el arcángel había puesto su pie.

La consagración del oratorio tuvo lugar el 16 de octubre de 709, terminándose la construcción al año siguiente.

Los tumultos de la Edad Media

Con el paso de los años, la abadía del Monte Saint-Michel se convirtió en un importante lugar de oración y peregrinación. Los monjes benedictinos, que vivían allí desde el año 966, traducían los textos de Aristóteles y las reliquias atraían a fieles en busca de espiritualidad. Sin embargo, su situación estratégica convirtió el lugar en objetivo de ataques.  Por esta razón, además de ampliar la abadía, se reforzaron las defensas del islote. Durante una visita, se encontraron vestigios de la Guerra de los Cien Años. En 1204, un grupo de caballeros bretones furiosos arrasaron el lugar bajo la autoridad de Guy de Thouars.

Prisiones en la abadía

Durante el reinado de Luis XI, el islote del Monte Saint-Michel se convirtió en el Alcatraz francés de su época. Transformado en centro penitenciario, este lugar albergó reclusos hasta 1860. Durante la Revolución Francesa se encerraron a los refractarios en los talleres de la abadía-prisión. Cuando se cerró la prisión en el siglo siguiente por un decreto imperial, los 650 prisioneros de Estado fueron trasladados al continente. Victor Hugo, un enamorado del lugar, formó parte de los personajes ilustres que impulsaron su cierre.

La restauración del Monte Saint-Michel

El culto se restauró en 1922, pero las peregrinaciones solo se reanudaron en 1966, durante la celebración del milenario de la abadía. El Estado, propietario del lugar, se encarga de la gestión y de la restauración del Monte Saint-Michel. Los monjes benedictinos volvieron a las salas de oración, pero abandonaron poco a poco la abadía. Los monjes y las hermanas de la Fraternidad Monástica de Jerusalén se instalaron en 2001 y desde entonces organizan celebraciones todos los días.

El monte Saint-Michel en la actualidad

En 1879 se construyó una carretera-dique para facilitar el acceso de los peregrinos. En 1983 se puso en marcha el proyecto de restauración del carácter marítimo de la isla. De esta forma, se quitó el aparcamiento y se construyó un acceso sobre pilotes que permite que el agua del mar de La Mancha circule libremente. La antigua carretera se fue destruyendo de forma progresiva.

El reto del siglo XXI es continuar facilitando el acceso de los 3.500.000 visitantes que recorren cada año las callejuelas del islote rocoso. El Monte Saint-Michel y su bahía, declarados monumentos históricos en 1862, figuran desde 1979 en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

La visita a la abadía

Conocer la abadía de Mont Saint-Michel es de esas experiencias que no se olvidan nunca. El día que la visitamos, había bastante niebla y lloviznaba. Al bajarnos del autobús, apenas veíamos con la bruma. Caminamos un poco y de repente, allí apareció, en medio del telón blanquecino, imponente: un templo gótico con más de 1.300 años de antigüedad. Su característica torre, dominaba todo el entorno.

La abadía no es sólo la iglesia, sino que se abraza a la forma piramidal del monte desde mucho más abajo. Son tres plantas divididas en veinte salas a cada cuál más increíble.

Si el entorno resulta impresionante, el interior os dejará absolutamente sin palabras: el refectorio, la iglesia, las criptas, los calabozos…tomaros el tiempo que necesitéis para vuestra visita a, sin duda, una de las abadías que más recordaréis.

En los siguientes apartados os incluimos información útil y práctica para vuestro viaje.

El clima en Normandía

El clima en Normandía es bastante húmedo. Llueve y hay niebla con frecuencia. En Mont Saint-Michel la humedad es alta. Como siempre en estos casos, lo mejor es echar un vistazo a las webs meteorológicas para ver el histórico de temperaturas y precipitaciones para la época en que tangáis pensado ir.

Como ya hemos comentado, nosotras fuimos un mes de Abril y el día no acompañó demasiado. Si queréis disfrutar de mejor tiempo, será más propicio el verano…¡aunque en Normandía nunca de sabe!.

Horarios de apertura y precios

La abadía de Mont Saint-Michel está abierta todos los días del año excepto el 1 de enero, el 1 de mayo y el 25 de diciembre. Su horario de apertura es de 9.00 a 19.00 de mayo a agosto y de 9.30 a 18.00 de septiembre a abril. La taquilla cierra una hora antes.

El precio de la entrada completa es de 10 €. Hay entrada reducida y el acceso es gratuito para ciudadanos de la Unión Europea menores de 26 años. La visita conference, una visita guiada en la que se accede a lugares cerrados al público, tiene un precio de 13 € (hay que confirmar el idioma).

También se pueden hacer visitas privadas con acceso a la torre de la abadía y a la zona de contrafuertes o, incluso, nocturnas. Para saber los precios y disponibilidad es necesario contactar con Monumentos Nacionales desde la web oficial.

Las mareas

La marea sube y baja todos los días dos veces en Mont Saint-Michel. En las recepciones de todos los alojamientos de la zona podréis ver los horarios de las mareas del día o la semana siguiente. Lo tendréis que tener en cuenta para vuestra visita.

Cuando la marea es muy alta se le llama super-marea y el agua puede llegar a subir casi 15 metros de altura a la velocidad de un caballo galopando… impresionante, pero muy peligroso. En estos casos se corta el acceso al monte y, por tanto, a la abadía.

Tiempo de la visita y mejor hora para ir

En cuanto a cuándo es la mejor hora para ir, todos coincidimos: el amanecer y el atardecer son los mejores momentos de luz en Mont Saint-Michel. Además, si hay marea alta y podéis ver el reflejo completo, será increíble. A estas horas hay poca gente.

Con respecto al tiempo de visita, nosotras estuvimos una mañana completa y es lo que recomendamos como mínimo. No disponíamos de más tiempo. Sin embargo, para aprovechar al máximo muchos recomiendan incluso quedarse a dormir, con el fin de poder ver un atardecer impresionante con la silueta de la torre recortándose sobre el cielo anaranjado…¡una imagen de esas que no se olvidan!.

Todos los alojamientos se encuentran algo alejados del monte, a unos 2 km. Muy recomendable según hemos leído en otros foros el hotel Le Relais Saint-Michel, con unas vistas a la abadía impresionantes.

Cómo llegar hasta la abadía

Como hemos comentado al principio, nosotras fuimos en tren desde Rennes hasta Pontorson. Allí tomamos un autobús urbano hasta la abadía.

Desde Rennes también se puede ir en autobús hasta el pueblo de Mont Saint-Michel (más cerca de la abadía que Pontorson), y allí coger un autobús lanzadera para llegar hasta el templo.

Más cosas que ver en Mont Saint-Michel

Si tenéis tiempo, darse una vuelta por el pueblo de Mont Saint-Michel tras visitar la abadía es un muy buen plan para poner el broche a vuestra visita. Si bien no tiene mucho, resultará un paseo agradable. Lo que en su tiempo fueron viviendas y talleres que se protegían tras las murallas de la isla-fortaleza se han convertido, en su mayoría, en tiendas de recuerdos, hoteles y restaurantes para turistas. El conjunto no ha perdido su aire medieval.

Podréis visitar la pequeña iglesia de San Pedro, la que utilizaba la comunidad ya que a la de la abadía sólo podían entrar los monjes. Además hay algunos museos también que pueden resultar interesantes. 

Otra atracción turística y famosa de Mont Saint-Michel es cruzar la bahía caminando. Obviamente os tendréis que descalzar para ello y solo lo podréis hacer con la marea baja, pues caminaréis sobre la arena empapada. Por supuesto debéis ir con un guía autorizado y seguir siempre sus indicaciones. Puede ser peligroso como la marea suba y os encontréis en mitad de la bahía. Tenéis más información en la web oficial de turismo de Normandía.


Rennes, capital de Bretaña

“Casas con entramado de madera”

Rennes es la actual capital de la región de Bretaña en Francia. Aunque antiguamente la capital de esta zona, el ducado de Bretaña, estaba “compartida” entre Nantes, Vannes y la propia Rennes, hoy en día es ésta última la que ejerce como tal.

Rennes es una ciudad grande y con muchas atracciones turísticas e interesantes que visitar. Es conocida por sus casas medievales con fachada de entramado de madera, haciendo de sus calles y plazas un lugar precioso por donde poder pasear conociendo de primera mano el ambiente de esta ciudad.

Estuvimos en Rennes solo unas pocas horas, pues nuestra idea era ir al día siguiente a ver la famosa abadía de Mont Saint-Michel, en la zona de la Baja Normandía. Era el mes de Abril y el día estaba muy nublado, incluso nos llovió. 

Para muchos, Rennes es solo el punto de partida para conocer los impresionantes pueblos bretones de la zona, sin darse cuenta que la capital de Bretaña es una visita imprescindible en si misma. Muy muy recomendable, ¡qué pena no haber estado más tiempo!.

¿Qué ver en Rennes?

Uno o dos días son suficientes para conocer lo más representativo de Rennes. A continuación os enumeramos los principales puntos de interés que no os deberíais perder en vuestra visita.

El Parlamento de Bretaña

Es el edificio más importante de la ciudad. Fue un parlamento del Antiguo Régimen francés creado (bajo su forma final) en marzo de 1554​ por un edicto de Enrique II. Ha sobrevivido a dos incendios, uno en 1720 y otro en 1994, por lo que algunas partes están restauradas.

Actualmente el edificio es la sede del palacio de justicia y, en su interior, tienen lugar los juicios de la región

Fueron los mismos trabajadores que construyeron el palacio de Versalles los que lo decoraron. El interior es bastante espectacular, con impresionantes frescos, cuadros y esculturas.

La Catedral

Es la llamada catedral de San Pedro o simplemente catedral de Rennes (en francés, Cathédrale Saint-Pierre de Rennes). Es un monumento histórico desde 1906.

La catedral es la sede del arzobispo católico de Rennes, Dol y Saint-Malo, anteriormente obispo de Rennes. La fachada es neoclásica.

Catedral de Rennes

Plaza de Mairie

La plaza de la Mairie es la principal de Rennes, junto con la del Parlamento. En ella se encuentran los edificios del Ayuntamiento y de la Ópera, uno frente al otro. 

La Ópera de Rennes

Al sur, se abre la plaza de la República con el Palais du Commerce, sede de la oficina de correos.

Museos

El Museo de Bellas Artes, en el antiguo palacio universitario y el Museo de Bretaña, en Les Champs-Libres, son dos visitas interesantes si os atraen estos campos. Nosotras no entramos, pues preferimos pasear por la ciudad.

Parc du Tabhor

Es el principal parque de la ciudad y uno de los más emblemáticos de Francia. Es un espacio verde público diseñado sobre más de diez hectáreas con la particularidad de combinar un jardín a la francesa, un jardín a la inglesa, una Orangerie (edificio para el cuidado de los cítricos) y un jardín botánico. Su nombre hace referencia a una montaña que domina el lago de Tiberiades en Israel, el monte Tabor.

El parc du Thabor, antiguo jardín de los monjes de Saint-Melaine, es el escenario hoy en día de conciertos y espectáculos al aire libre, eventos mucho menos religiosos que antiguamente.

Orangerie en el Parc du Tabhor

Las casitas con entramado de madera

Si hay una cosa representativa en Rennes son sus famosas casitas con entramado de madera. 

A partir del siglo XVI, la arquitectura tradicional de esta zona de Bretaña consistió en este tipo de casas. El gran incendio que hubo en 1720 acabó con muchas de ellas (sólo sobrevivieron 270 de las más de 1.000) y con la costumbre. Se prohibió utilizar la madera como material de construcción para evitar nuevas catástrofes como aquélla.

Perderse por las calles, observando estas casas típicas, unas apoyadas sobre otras, es sin duda un plan estupendo. En la rue du Chapitre disfrutaréis mucho de esta arquitectura, la Edad Media sigue presente en su trazado. Otras calles son la rue du Champ Jacquet, la rue Saint-Georges, la rue Saint-Guillaume (con la casa de los canónigos), la rue Monnaie (con la Maison Ti-Koz) o las animadas rue Saint-Michel y place Sainte-Anne. Veréis también las pequeñas tallas de madera que suelen decorar las fachadas, casi todas de antiguos comercios.

Algunas casas de madera han ido cambiando de actividad. La casa de los canónigos fue un restaurante de comida típica bretona hasta hace unos años. Otro caso es el de una antigua cárcel, en activo hasta mediados del siglo XIX, que se ha convertido en centro de ocio con cuatro restaurantes y cuatro bares en su interior. Es La Prison Saint-Michel (7 Allée Rallier du Baty).

Los patios y las puertas mordelaises

Aunque muchos de los patios interiores que hay escondidos por la ciudad son privados, asomarse a ellos cuando se puede es siempre una maravilla en ciudades medievales como ésta. Encontraréis auténticos rincones dignos de la mejor instantánea para recordar. 

Por otro lado, otra de las cosas que caracteriza la historia de Rennes son sus murallas. Antiguamente contaba con tres: la romana (del siglo III), la medieval (construida para protegerse de Francia en el siglo XV) y la posterior (del XVI que se destruyó con la anexión a Francia). Quedan pocos vestigios pero aún resiste una puerta de la muralla del siglo XV: las puertas mordelaises, en la Rue des Portes Mordelaises.

Planes que no pueden faltar

A continuación os enumeramos algunos planes muy recomendables para vuestra visita a esta interesante ciudad:

  • Rennes es una ciudad universitaria y, por tanto, posee una vida muy animada. No podéis dejar de tomaros algo por algunas de sus calles de bares, como la rue Saint-Michel
  • Ir a ver el mercado en la plaza Les Lices. En la Edad Media era el lugar donde se organizaban justas y torneos y hoy en día acoge el mayor mercado al aire libre de Francia. Es los sábados por la mañana. Por la tarde, es una zona de bares
  • Probar las bebidas típicas bretonas en Ty Anna Tavarn, en la place Sainte-Anne
  • Ir a alguna crêperie a cenar. ¡Es casi obligado el tomarse una exquisita galette en algún momento de vuestra visita!. Una muy famosa y recomendable es la crêperie La Saint George, en la rue du Chapitre

Visitas cercanas

Desde Rennes se pueden conocer todos los preciosos pueblos bretones que hay. Nosotras solo fuimos a ver la abadía de Mont Saint-Michel y tenemos que decir que fue una de esas visitas que se recuerdan con el tiempo. En este enlace tenéis descrito todo lo necesario sobre ella.

Transporte en Rennes

La ciudad de Rennes es perfectamente asequible para recorrerla andando y es como se debe hacer. Nosotras llegamos en tren. Nuestro hostal estaba céntrico y pudimos movernos viendo los principales puntos de interés con toda comodidad.

Además, Rennes cuenta con su propio aeropuerto bastante cerca de la ciudad. Es pequeño pero hay vuelos directos desde bastantes ciudades de España y, con escala en París, se puede llegar desde cualquier lugar. Para ir del aeropuerto a la ciudad se puede coger un autobús.

Información general de Francia

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Cine y Literatura en Francia

El cine y la literatura en Francia nos han dejado a lo largo de los años innumerables obras maestras. A continuación os comentamos un poco sobre las que consideramos más relevantes en ambas artes.

El cine francés

El cine francés es sin duda uno de los cines europeos más influyentes a nivel mundial. Posee una larga tradición, especialmente por su estética y su sensibilidad, así como una gran cantidad de devotos fans. De esta manera nos ha traído grandes directores, entre los que no podemos dejar de citar entre otros a Éric Rohmer, Besson, Godard, Truffaut, Renoir o Louis Malle. 

El cine francés posee cintas absolutamente memorables. Os incluimos a continuación una selección de algunas películas que nos gustaron muchísimo y que, además, contaron con una muy buena crítica.

“Amélie” (Jean-Pierre Jeunet, 2001)

¿Quién no ha oído hablar a estas alturas de Amélie?. En fin, poco nuevo se puede decir de la cinta de Jean-Pierre Jeunet. Sumamente original, todos hemos viajado con la peculiar protagonista a lo largo de su mundo, esta maravillosa historia llena de detalles absolutamente encantadores. Un viaje en todos los sentidos.

“Amélie” recibió un gran elogio por parte de toda la crítica, una estupenda acogida entre el público y ocupa un importante lugar en el cine francés de los últimos tiempos.

Cartel de la película “Amelie”

“Intocable” (Olivier Nakache y Éric Toledano, 2011)

“Intocable” ha sido uno de los grandes éxitos del cine francés de los últimos años, convirtiéndose en la tercera cinta más taquillera en la historia del país. En España tuvo una impresionante repercusión.

De “Intocable” nos encantó el mensaje: la amistad de dos personas pertenecientes a entornos distintos que se ayudan mutuamente a enfrentar y superar las dificultades de sus respectivos mundos. Sin duda, una cinta para recordar.

Cartel de la película “Intocable”

“Los chicos del coro” (Christophe Barratier, 2004)

Con una banda sonora impresionante y que marcó una época, “Los chicos del coro” es una de esas películas que emocionan, en ocasiones cuesta retener la lágrima.

La cinta consiguió un gran reconocimiento tanto en crítica como en público. De esta fascinante historia nos quedamos con la increíble interpretación y, por supuesto, con todas esas preciosas piezas musicales que perduran con el paso de los años.

Cartel de la película “Los chicos del coro”

“Adiós muchachos” (Louis Malle, 1987)

Es uno de los pocos trabajos que por el momento hemos tenido la oportunidad de ver del afamado director Louis Malle. “Adiós muchachos” retrata la vida de unos niños en un internado católico durante la ocupación alemana de Francia, en el invierno de 1943.

La película impacta, no solo por la historia y el desenlace, sino también por cómo está narrada y describe la amistad entre los dos protagonistas, un niño católico y un compañero judío que entra nuevo al centro. Obtuvo un gran aplauso por parte de la crítica, incluyendo una gran lista de premios y nominaciones. “Adiós muchachos” llega mucho…en general todos los trabajos sobre el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial lo hacen, pero en este caso la sutileza con la que el director narra los hechos, es absolutamente espectacular. 

Cartel de la película “Adiós muchachos”

“Besos robados” (François Truffaut, 1968)

“Besos robados” es la única película que por el momento hemos visto de este famoso director y, desde luego, entendemos por qué está tan bien considerado. Continúa el ciclo de Antoine Doinel tras “Los cuatrocientos golpes” y “L’amour à vingt ans”. La película nos gustó, es una comedia muy recomendable.

Cartel de la película “Besos robados”

“The Artist” (Michel Hazanavicius, 2011)

“The Astist” es una impresionante joya cinematográfica. Sobran las palabras con esta película, un auténtico canto al cine mudo y en blanco y negro. Nos maravilló absolutamente todo de esta cinta, que no es representativa del cine francés.

Fue aclamadísima, llevándose entre otros premios 5 Oscars y 3 globos de oro. Solo podemos decir que desde nuestro punto de vista, totalmente merecidos. De nuestras favoritas en los últimos años, muy muy buena.

Cartel de la película “The Artist”

“Pauline en la playa” (Éric Rohmer, 1983)

Es la única película que hemos visto hasta la fecha de Éric Rohmer y nos gustó bastante. Trata el encuentro entre varios personajes en unas vacaciones en Baja Normandía. Pauline es una adolescente en busca del primer amor que se verá envuelta en una historia, la cual, de alguna manera, le ayudará a resolver todas sus preguntas. La película tuvo gran éxito en el festival de Berlín de aquel año.

Una de las cosas que más nos gustó fue el entorno en el que se desarrolla…aunque no conocemos mucho, la zona de Bretaña y Baja Normandía siempre nos ha encantado, alberga unos paisajes preciosos. 

“Al anochecer” (Claude Chabrol, 1971)

Lo cierto es que acabamos viendo esta película un poco por casualidad. La crítica de la cinta es excelente. Narra la historia de un ejecutivo de publicidad casado que mata a su amante y cómo lleva él todo este asunto tras el hecho. Una película recomendable, creemos que ahonda bastante en la naturaleza del ser humano.

Más películas famosas del cine francés 

Además, otras películas francesas muy famosas de las últimas décadas son las siguientes:

  • “Juntos, nada más” (2007)
  • “La familia Bélier” (2014)
  • “La cena de los idiotas” (1999)
  • “Delicatessen” (1991)
  • “Díos mío, ¿pero qué te hemos hecho?” (2014)
  • “El profesional (León)” (1994)
  • “Quiéreme si te atreves” (2003)
  • “Pequeñas mentiras sin importancia” (2011)
  • “La vida de Adéle” (2013)
  • “Bienvenidos al norte” (2008)
  • “Pastel de pera con lavanda” (2015)
  • “Un engaño de lujo” (2006)

La literatura francesa

Al igual que el cine, también la literatura francesa ocupa un puesto importante a nivel mundial y siempre ha tenido gran repercusión. A continuación incluimos una lista de obras, desde clásicos hasta contemporáneos, que no deberíamos dejar de leer. Son los siguientes:

  • “El principito” (Antoine de Saint-Exupéry)
  • “En busca del templo perdido” (Marcel Proust)
  • “Los Miserables” (Victor Hugo)
  • “Bola de Sebo y otros relatos” (Guy de Maupassant)
  • “Los Cantos de Maldoror” (Lautréamont )
  • “Caligramas” (Guillaume Apollinaire)
  • “Las flores del mal” (Charles Baudelaire)
  • “Una temporada en el infierno” (Rimbaud Arthur)
  • “El segundo sexo” (Simone de Beauvoir)
  • “El extranjero” (Albert Camus)
  • “Los alimentos terrestres” (André Gide)
  • “La hierba roja” (Boris Vian)
  • “Diario de un ladrón” (Jean Genet)
  • “La vida instrucciones de uso” (Georges Perec)
  • “Dora Bruder” (Patrick Modiano)
  • “Las sombras errantes” (Pascal Quignard)
  • “Las partículas elementales” (Michel Houellebecq)
  • “Limónov” (Emmanuel Carrère)
  • “Lección de música” (Pascal Quignard)
  • “Música del hambre” (J. M. G. Le Clézio)

Gastronomía francesa

La gastronomía francesa es reconocida por su variedad y refinamiento, con lo que actualmente está considerada como una de la más importantes del mundo. Sus principales productos son la mantequilla, los quesos, los tomates, las finas hierbas, las carnes de cerdo, las salchichas, etc. y, sobre todo, las hortalizas en general.

Platos principales de la cocina francesa

Los platos más tradicionales de la gastronomía francesa suelen incluir queso entre sus ingredientes, debido como bien se sabe a la amplísima gama de quesos con que cuenta la cocina del país. El pan, la carne de pato o ganso y las cremas o purés suelen estar también muy presentes en las mesas de la mayoría de casas y restaurantes de Francia. A continuación enumeramos cuáles son los principales platos de este país.

Aligot

El aligot es una especialidad gastronómica original del macizo de Aubrac que se extendió por las regiones de Lemosín y Auvernia hasta que finalmente se conoce como un plato típico de Francia. Es una especie de puré de patatas muy espeso debido a que está mezclado con queso sin afinar, conocido como tomme fraîche.

Aligot

Quenelle

Se trata de un plato francés similar a las salchichas o las albóndigas por su aspecto. Es una pasta de sémola de trigo que se mezcla con harina, huevos y leche para acompañarla finalmente con alguna carne de ave, ternera o pescado. Es una especialidad gastronómica típica de Lyon, donde se hicieron famosas las llamadas quenelles de brochet o quenelles de lucio.

Cassoulet

Denominado caçolet en occitano, es un guiso parecido a las habichuelas típicas españolas que se hace con alubias blancas o frijoles acompañadas de carne de diferentes animales, como pollo, cerdo o vacuno. Este plato es típico del sur de Francia, especialmente de las regiones de Mediodía-Pirineos y Languedoc.

Cassoulet

Fondue de queso

La fondue de queso es uno de los platos más típicos de la gastronomía francesa. Es una especie de crema que se puede tomar bien como acompañante de otros ingredientes o bien mojando trozos de pan en él. En realidad, el plato es originario de Suiza, concretamente de la frontera franco-suiza, alrededor de Jura y los Alpes.

Ratatouille

Elaborado con diversas hortalizas, es un plato natural de Niza y la región de Provenza, al sureste de Francia. En realidad, es una comida vegetariana y el nombre se desprende del verbo touiller que significa remover. La idea de su elaboración es poner a freír en aceite de oliva cada uno de los vegetales, para luego cocinarlos todos juntos. Es un plato muy popular en toda la Europa mediterránea.

Ratatouille

Coq au vin

El coq au vin, literalmente gallo al vino, es quizá el plato más famoso de la cocina occitana, el cual se ha nacionalizado como plato típico de Francia. En el sur de Francia, se utiliza carne de pato u oca, mientras que en el norte de Occitania pueden emplearse otros tipos de carnes tales como el buey.

Magret de canard

El término magret por sí solo equivale en español a magro, es decir, se refiere a un filete de carne magra, que suele provenir de un ganso o pato cebado. Es muy importante que el ave haya sido cebada previamente, puesto que en ello radica la diferencia entre ser considerado magret o pechuga tradicional.

Magret de canard

Merluza al beurre blanc

Este plato consiste en troncos o lomos de merluza que se sirven en salsa beurre blanc. Esta salsa es típica de Francia y, concretamente, procede de la región de Bretaña. Se elabora a base de mantequilla (aunque hay quienes prefieren utilizar crema de leche Milbona) mezclada con una reducción de vino blanco y chalotas.

Quiche lorraine

Este plato es, actualmente, famoso alrededor de todo el mundo. Es básicamente una tarta salada con base de brisa o pasta quebrada y rellena de una mezcla hecha con nata y huevos.

La receta original de la región de Lorena, en realidad, no incluía más ingredientes, pero con el tiempo se ha incorporado otro básico: el queso. También el bacon o jamón york y otras verduras pueden encontrarse en las diferentes variantes de esta receta.

Quiche lorraine

Vichyssoise

Se trata de una crema fría similar a una sopa, aunque en ocasiones puede parecerse más a un puré, dependiendo de lo líquida que quede. También recuerda por su textura al famoso gazpacho andaluz. En cualquier caso, sus ingredientes son: puerro, patata, cebolla, nata y leche. Todo ello se tritura y se sirve tradicionalmente en un tazón o un plato hondo.

Galette

En realidad, las galettes son una variante salada de los crêpes proveniente de la región de Bretaña, que se diferencian de éstos porque se elaboran con masa de trigo sarraceno y agua. Se rellenan con todo tipo de ingredientes, entre ellos carne, pescado, setas, hortalizas, etc.

Galette

Confit de pato

Confit de pato es la traducción al español de confit de canard. Se trata de un plato que consiste en pierna de pato asada y es la especialidad de la región de Gascuña, al suroeste de Francia.

Bullabesa

Bullabesa es el nombre adaptado de este plato original de Provenza, concretamente de la ciudad de Marsella, aunque su nombre original en lengua francesa es bouillabaisse o bolhabaissa en occitano provenzal. Es, en realidad, un plato sencillo que consiste en una sopa de pescado hecha a base de hervir diversos pescados enteros.

Bullabesa

Tartiflette

La tartiflette es un plato que se prepara al horno procedente de la cocina de Saboya y Alta Saboya, aunque históricamente nació en la zona que abarca desde el macizo de los Aravis hasta el Val d’Arly, lugar donde a su vez nace el queso reblochon, uno de los ingredientes principales de este plato. Hoy en día, la tartiflette posee tal fama que los saboyanos se sienten realmente orgullosos de su guiso estrella.

Flammkuchen

El Flammkuchen es típico de Alsacia, el Palatinado y Baden (Alemania). En francés, suele llamarse Tarte flambée. En realidad, por su aspecto y forma de preparación, el Flammkuchen es una comida muy similar a la pizza italiana, aunque con ligeras variaciones.

Flammkuchen

Andouillette

Andouillette es el nombre en francés de un tipo de salchicha tradicional de la cocina de Francia, aunque especialmente de las ciudades de Troyes, Lyon, Cambrai y Rouen, así como las regiones de Périgord y Provenza, entre otras zonas. Este tipo de salchicha se elabora a base de intestino y estómago de cerdo. Antes del 2000 también se preparaban con ternera, pero dejó de emplearse después que se prohibiera usar tripas de ternera a partir de este año.

Andouillette

Baeckeoffe

El baeckeoffe (literalmente, horno de panadero), de origen alsaciano y muy unido a la tradición gastronómica de Estrasburgo, es un tipo de estofado cuya preparación requiere de una cocción muy lenta, de 24 horas como mínimo, por lo que se necesitan un mínimo de dos días para prepararlo.

Los postres más típicos

Sin lugar a dudas, el primer postre que se nos viene a la cabeza a la mayoría cuando hablamos de gastronomía francesa son los famosos crepes, que a día de hoy se han popularizado a lo largo de todo el mundo. No obstante, la gastronomía francesa cuenta con un gran número de postres igualmente exquisitos que os presentamos en los siguientes apartados.

Crêpes

Es probablemente uno de los postres más internacionales de la gastronomía francesa y procede de Bretaña. Se trata de masa hecha a base de harina de trigo candeal, a la que se le da forma de disco (diámetro de unos 16 mm). Aunque habitualmente se toman como postre untados con chocolate fondue, nata u otro tipo de dulce, también pueden tomarse con ingredientes salados.

Crepes

Macarons

El macaron en francés y macarrón en español es un tipo de galleta de origen francés que ha adquirido fama mundial. Se prepara a base de clara de huevo, almendra molida, azúcar y azúcar glacé. No obstante, en realidad es un postre de origen italiano (maccarone en italiano) que ya se consumía en este país durante el siglo XVI.

Farz de bretón

También conocido simplemente con el nombre de far, este pastel es una especialidad gastronómica de la región de Bretaña. Su textura es similar a la del pudin o un flan consistente. La masa se hace a base de harina de trigo, mantequilla, leche, huevos y azúcar, aunque también se le puede añadir un toque de vainilla o ron. En el interior se añaden ciruelas pasas enteras o trozos de pera.

Farz de bretón

Tarte tatin

Es básicamente una tarta de manzana que difiere de la habitual porque en esta tarta los trozos de manzana han sido caramelizados con azúcar y mantequilla. Lo más característico de esta tarta es que el proceso de elaboración se hace a la inversa, es decir, en la base se ponen las manzanas y después se añade la masa. Se le da la vuelta al colocarla en el plato para servirse.

Canelés

Estos pequeños pero deliciosos bizcochitos son originales Burdeos, al sudoeste de Francia, en la región de Aquitania. El característico aspecto cilíndrico con pliegues de cada uno de estos bizcochos es el motivo por el cual se llaman canelés, ya que en lengua gascón, canelat significa canalón (tipo de tubería).

Canelés

Financiers

Los financiers son unos bizcochos muy típicos en Francia que suelen tomarse para acompañar al té. El nombre, tal y como parece, significa financiero y es debido a sus orígenes. Se estima que empezaron a consumirse en 1890 en París, en la pastelería llamada La Lasne, situada junto a la Bolsa de Valores de la ciudad. Así, quienes acudían a esta pastelería eran en su mayoría hombres trajeados y trabajadores en el mundo de las finanzas, los cuales elegían este pastelito por su tamaño y la comodidad con que puede comerse…sin riesgo de mancharse.