Más atracciones turísticas en París

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La ciudad del Sena sorprende en cada rincón. A continuación os enumeramos más puntos de interés que no os podéis perder.

Ópera Garnier

Situada en el Palacio Garnier, la Ópera Garnier es un imponente edificio neobarroco que, junto con la Ópera de la Bastilla, conforma la Ópera Nacional de París. Se trata del lugar que inspiró la conocida obra «El Fantasma de la Ópera».

La Ópera Garnier es un edificio espectacular capaz de transmitir la riqueza y la magnificencia que lo acompañaron en el pasado. Tanto el interior como el exterior resultan impactantes. 

Es posible conocerla por libre o bien hacer una visita guiada. Éstas sólo se realizan en inglés y en francés y duran 90 minutos, por lo que es más práctico hacer la visita por libre.

La Ópera de París

Sainte Chapelle

La Sainte Chapelle es una iglesia de estilo gótico construida entre 1242 y 1248 para albergar las reliquias de la Pasión de Cristo, compuestas por la Corona de Espinas y un trozo de la Santa Cruz. Se encuentra situada en la Île de la Cité.

Aunque no es comparable a Notre Dame, la Sainte Chapelle es una joya del arte gótico siendo considerada una de las obras cumbre de la arquitectura gótica. Su construcción a base de vidrieras resulta muy peculiar, por lo que no suele defraudar a sus visitantes.

Los puentes de París

A lo largo de los 13 kilómetros del río Sena que transcurren por la ciudad existen más de 30 puentes y pasarelas de todo tipo, desde los más antiguos construidos en piedra, hasta los más sobrios y recientes. Entre los más importantes, cabe destacar los siguientes.

Puente de Alejandro III

El Puente de Alejandro III es el más bonito de los puentes parisinos. Inaugurado para la Exposición Mundial de 1900, se encuentra situado entre la explanada de Los Inválidos y el Grand y el Petit Palais.

El puente está formado por un solo arco de acero, algo que constituyó todo un reto para aquella época. La decoración resulta simplemente espectacular gracias a las cuatro columnas de 17 metros, con caballos alados dorados en la parte superior, que se encuentran situadas en los extremos.

Preciosos candelabros negros, querubines y otros elementos decorativos convierten el puente en una construcción de ensueño que las parejas suelen elegir para realizar sus fotos de boda.

Puente de Alejandro III, en París

Pont de l’Alma

El Pont de l´Alma no es uno de los más bellos de la ciudad, tampoco el más largo ni el más antiguo, pero desde su construcción los ojos de los parisinos se fijaban en él para comprobar las crecidas del río.

Las mediciones se hacían mediante la estatua de un zuavo (soldado de la infantería) que se encuentra tallada en uno de los pilares del puente. Durante la Inundación de 1910 el cauce del Sena llegó hasta los hombros del zuavo.

En la actualidad los turistas también se acercan hasta el puente para visitar el túnel en el que la princesa Diana perdió la vida. En la parte superior del túnel se puede ver la Llama de la Libertad, un monumento con el que América agradeció a Francia la restauración de la Estatua de la Libertad, pero que muchos utilizan para colocar sus ofrendas a la princesa fallecida.

Pont de l’Alma, en París

Puente Nuevo

Decorado con preciosos candelabros negros y más de 300 máscaras talladas, el Puente Nuevo (Pont Neuf), situado en el extremo oeste de la Île de la Cité, es uno de los puentes más bonitos de la ciudad.

Paradójicamente, el Puente Nuevo es el puente más antiguo de París. Además de esto, con 232 metros de longitud es también el puente más largo de la ciudad. Construido entre 1587 y 1607 fue el primer puente de piedra que se edificó en París, ya que los anteriores fueron realizados en madera.
El puente fue toda una novedad para la época, ya que se convirtió en el primero en cruzar el Sena en toda su anchura, conectando las dos orillas del río y la parte más occidental de la Île de la Cité. Además de esto, se instalaron las primeras aceras para peatones y unos pequeños miradores sobre cada una de las columnas.

Puente Nuevo, en París

Torre Montparnasse

Con una altura de 210 metros, la Torre Montparnasse es uno de los mejores miradores para contemplar la ciudad desde las alturas. Desde su terraza se pueden apreciar los monumentos más importantes de París.

Tras una subida exprés en uno de los ascensores que califican como de los más rápidos de Europa, en la planta 56 es posible disfrutar de unas impresionantes vistas protegidos por enormes ventanales. Además también se pueden aprender algunos datos curiosos sobre la ciudad gracias a las aplicaciones multimedia, o bien transportarse a tiempos pasados por medio de la exposición de fotos antiguas de París.

Las mejores instantáneas de la capital se pueden tomar subiendo tres plantas más, en el piso 59. Desde ese punto es posible contemplar la ciudad como si se tratara de una maqueta, sin cristales de por medio…¡impresionante!.

Catacumbas

Las Catacumbas de París son una red de túneles que sirven como cementerio a miles de personas de distintas épocas. Se calcula que los restos de más de 6 millones de personas puedan estar enterrados en los más de 300 kilómetros de túneles.

Aunque la visita a las catacumbas es algo «escalofriante», resulta curioso contemplar los infinitos huesos humanos y calaveras agrupados formando extensas construcciones. A pesar de que se trata de una visita turística, las catacumbas no son uno de los lugares más masificados.

Basílica de Saint-Denis

La Basílica de Saint-Denis es conocida por ser el lugar de sepultura de la monarquía francesa, además de tratarse del primer templo que se construyó en estilo gótico. Es un monumento muy atractivo, pero su situación en el extrarradio de París hace que la visita no sea recomendable para aquellos que no dispongan de demasiado tiempo en la ciudad.

Basílica de Saint-Denis, en París

Iglesia de la Madeleine

La Iglesia de la Madeleine es uno de los templos más curiosos de París gracias a su diseño más propio de los templos clásicos de la Antigua Grecia.

El edificio está formado por 52 columnas corintias de 20 metros de altura que le otorgan un aspecto imponente. En la fachada principal se sitúa un extenso frontón en el que se representa un altorrelieve de El Juicio Final.

El interior de la iglesia, levemente iluminado, está formado por una sola nave con tres cúpulas que no resultan visibles desde el exterior. Sobre el Altar Mayor se puede ver una escultura que representa la Asunción de la Magdalena, mientras que en la cúpula que lo recubre se encuentra un fresco sobre la historia del cristianismo.

La Iglesia de la Madeleine resulta espectacular, especialmente desde su exterior. El interior también es diferente al de los templos tradicionales, ya que se encuentra sumido en la penumbra y posee una escasa decoración en la que radica su belleza.

Iglesia de la Madeleine, en París

Iglesia de Saint Sulpice

La Iglesia de Saint Sulpice es una de las más conocidas gracias a su protagonismo en el Código da Vinci. Se trata de un enorme edificio con un aspecto sencillo e inacabado. Resulta imponente tanto desde el exterior como cuando se accede a ella. Sus enormes paredes y columnas de piedra desnuda le proporcionan un aspecto inacabado que también puede verse en una de sus torres.

Uno de los principales atractivos de la iglesia son los frescos de Delacroix, situados a la derecha de la entrada, en la Capilla de los Ángeles. También se puede observar una figura de San Pedro (similar a la de la Basílica de San Pedro en El Vaticano) con el pie desgastado por las caricias de miles de fieles.

En la actualidad aún se realizan conciertos con el impresionante órgano de tubos que data de 1862.

La plaza donde se encuentra la iglesia resulta asimismo muy agradable.

Iglesia de Saint Sulpice, en París

Capilla Expiatoria

La Capilla Expiatoria es un monumento conmemorativo de estilo neoclásico construido sobre las tumbas en las que fueron enterrados Luis XVI y María Antonieta tras su ejecución.

Aunque la Capilla Expiatoria tuvo un papel muy importante en el pasado y en la actualidad está catalogada como monumento histórico, creemos que su visita no es demasiado interesante. Se trata de un monumento bastante pequeño que ofrece poco que ver durante la visita. La relación calidad/precio está además suspensa.

Palacio Real de París

El Palacio Real de París se encuentra situado al norte del Museo del Louvre y tiene la peculiaridad de que no se construyó como residencia para los reyes, sino para el Cardenal Richelieu.

Conocido como el Palais Cardinal, el edificio fue donado a la corona francesa tras la muerte del cardenal, y los Duques de Orleans lo convirtieron en su residencia. Años más tarde Luis Felipe José de Orleans decidió remodelar los jardines y abrirlos al público.

En la actualidad los Jardines del Palacio Real continúan siendo de carácter público y es posible sentarse a la sombra de sus árboles para disfrutar de la tranquilidad que transmiten. Los jardines se encuentran rodeados por soportales en los que se pueden encontrar pequeñas tiendas bastante peculiares. Estos jardines no destacan especialmente por su belleza ni por las vistas que se obtienen del Palacio Real, por lo que si no disponéis de mucho tiempo en la ciudad no merece la pena desperdiciarlo.

Castillo de Vincennes

Construido a finales del siglo XII, el Castillo de Vincennes es la única residencia real francesa construida durante la Edad Media que conserva su forma original.

El Castillo, con un imponente torreón de 50 metros, es uno de los más altos de Europa. El castillo está rodeado por una muralla de 1.100 metros de longitud coronada con nueve torres y a su vez protegido por un foso de 27 metros de anchura.

Aunque es posible recorrer gran parte de la fortaleza, subir a los torreones y pasear por algunas de las estancias, todas ellas se encuentran vacías y es necesario echarle mucha imaginación para transportarse al pasado de la fortaleza.

El castillo está algo alejado del centro y creemos que la visita no compensa el desplazamiento.

Castillo de Vincennes, en París

Conciergerie

Construido como residencia real y sede del poder de la monarquía francesa, en 1392 el edificio de la Conciergerie fue convertido en una de las prisiones más duras de la época.

La palabra «conciergerie», que en francés designa la vivienda del conserje, fue el nombre que por extensión terminó tomando la prisión que vigilaba.

Durante el recorrido a través de la Conciergerie se puede ver una pequeña reconstrucción de las cárceles revolucionarias, en las que se aprecian las diferentes condiciones en las que vivían las personas pobres, que dormían en el suelo, y las más adineradas, que poseían camas, mobiliario e incluso algunos sirvientes. Existe una reconstrucción muy detallada de la celda en la que se recluyó a Maria Antonieta tras un intento de fuga, después del cuál situaron a unos guardias en su propia celda.

Durante los años en los que la Conciergerie funcionó como institución carcelaria fueron ejecutados más de 2.700 presos, entre los que se encontraban algunos personajes célebres.

Si podéis acceder gratis adentraros para conocer las terribles condiciones en las que vivieron miles de personas antes de ser ejecutados en la Plaza de la Concordia. No merece la pena pagar.

La Conciergerie, en París
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